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domingo, 14 de enero de 2018

La pregunta que puede cambiar tu vida y la del mundo - Gregg Braden -


Vivimos en una época en la historia de nuestra civilización, en la historia de este mundo sobre la que los expertos nos dirían que es una época diferente a cualquier otra en los 5000 años de historia humana.

Nunca nos hemos enfrentado a tantas crisis importantes que deben resolverse a corto plazo: desde el hundimiento del sistema económico mundial que ocurre ahora, a la forma que tratamos el cambio climático, a la desaparición de los recursos vitales que debe compartirse entre la gente; desde como resolvemos nuestros problemas en Oriente Medio y otros lugares del mundo sin utilizar la guerra, a las otras muchas crisis con las que nos enfrentamos ahora.

La manera que tenemos de resolver nuestros problemas cómo comunidades, como naciones realmente no es tan diferente.

Las hipótesis falsas de la ciencia nos han llevado a creer que estamos separados de nosotros mismos

Tendemos a resolver cada problema de nuestra vida por medio de la gente que decidimos qué describe nuestra relación con el mundo. Todos tenemos una manera de mirar al mundo, y cuando miramos a través de la lente de nuestra experiencia en el mundo establecemos como resolvemos nuestros problemas, por eso esto es importante.

Si vives en el mundo moderno gran parte de esa lente proviene de la ciencia de los últimos 150 años. Los nuevos descubrimientos muestran ahora que la ciencia de los últimos 150 años es incorrecta en ciertos casos, que en algunos casos la ciencia se equivoca.

Si no podemos asimilar los descubrimientos nuevos en la forma en que pensamos, nos vemos a nosotros mismos y al mundo, ¿cómo podemos resolver los problemas que contemplamos hoy?

La gente me pregunta: “Gregg, el mundo cambia, ¿qué significa eso para nuestros trabajos, para nuestras profesiones, a la forma en que tratamos a nuestras familias?, ¿y dónde aplicamos nuestra pasión, cómo tratamos al nuevo mundo que surge?
Esta es mi respuesta para todos ellos.
Las hipótesis falsas de la ciencia nos han llevado a creer que estamos separados de nosotros mismos; que no tenemos poder sobre nuestros cuerpos; que estamos separados unos de otros y del mundo que nos rodea. Que la civilización es lineal, ha sucedido una vez y que somos la cima, la civilización más compleja que haya existido jamás y que la competición violenta es la manera de resolver nuestros problemas. Esas falsas hipótesis son antiguas.

Nuestros propios científicos nos dicen ahora que todas ellas son erróneas. La nueva ciencia nos muestra que estamos profundamente conectados con nuestros cuerpos, que estamos en conexión profunda unos con otros y con la tierra; que la civilización es cíclica y que si tenemos la sabiduría de reconocer los ciclos del pasado podremos aprender de ello y aplicar al mundo de hoy lo que nuestros antepasados aprendieron.

Esto podría ser lo más importante de todo. La mejor ciencia de nuestra época nos muestra que la naturaleza no se basa en la idea de Darwin de la supervivencia del más fuerte sino en lo que los biólogos denominan “cooperación y ayuda mutua”.

La lucha competitiva ocurre, todos lo hemos visto pero sucede como respuesta a condiciones y circunstancias especiales, no es la regla de la naturaleza.

Vale, por esto es importante; si podemos acoger los nuevos descubrimientos de la mejor ciencia de hoy que nos dice que estamos conectados con nosotros mismos, que estamos en conexión unos con otros y con la tierra, que vivimos en un mundo de cooperación … Eso cambia la forma en que nos han enseñado a pensar de nosotros mismos y en el mundo.

Así que cuando nos preguntamos, qué puedo hacer, qué puedo hacer con mi vida, cómo elijo un trabajo o una profesión … El mundo está cambiando, lo que yo solía hacer ya no puedo hacerlo, y ¿ahora qué hago?. Estas son grandes preguntas.

Según la antigua forma de pensar nos haríamos esa pregunta que dice: ¿qué puedo sacar yo del mundo que existe?. Consciente o inconscientemente, eso forma parte de nuestra manera de pensar.
Los nuevos descubrimientos científicos nos dan ahora una razón para cambiar esa pregunta, y esa pregunta nueva es esta:

– ¿Qué puedo dar, qué puedo compartir, con que puedo contribuir, qué puedo ofrecer al mundo que surge?
Cómo respondamos a esta pregunta lo cambia todo
Cómo respondamos a esa pregunta abrirá la puerta a nuevas posibilidades que no están limitadas por el título académico que hayamos conseguido, ni por nuestros conocimientos, ni por el dinero que tengamos.

Eso abre la puerta a la posibilidad de ver a donde nos lleva nuestra pasión, porque ya no decimos, ¿Qué recompensa obtendré? Sino que decimos, ¿Con qué puedo contribuir? Y gracias a esa contribución, la vida nos recompensa. Eso ocurre una vez y otra.

Quiero poner un ejemplo muy claro.

Yo vivo en el campo con mi esposa en una zona agrícola al norte de Nuevo México, en los E.E.U.U. El hundimiento económico de 2008 golpe o muy fuerte a todos en nuestra zona. Un amigo mío que es constructor me contó que 2008 fue el primer año el que no hubo licencias de construcción de casas nuevas, ninguna en absoluto en el norte de Nuevo México. Me dijo, “y ahora, ¿qué voy a hacer? …”

“Soy constructor, trabajo con mis manos, construyó casas, buenas casas pero ahora la gente no las necesita”. Así que se hizo a sí mismo la pregunta, “¿qué puedo compartir en el mundo que surge, qué necesita la gente?” Me dijo, “ya sabes que la gente no necesita casas ahora mismo porque ya las tienen”. La gente tiene que aprender a cultivar sus propios alimentos. La gente no aprendía, no sabían cultivar alimentos, los inviernos eran duros, los alimentos estaban caros …

Entonces me dijo: “Voy a juntar las habilidades que aprendí construyendo casas y voy a construir invernaderos. Toda clase de ellos, voy a hacer algunos más pequeños para que la gente pueda tenerlo en la encimera de sus cocinas. Y haré algunos más grandes que uno mismo pueda montar y que pueda tener tantos como quiera. Voy a hacerlos de modo que la gente pueda usarlos los 12 meses del año ya que estarán cerrados para que no importe la temperatura que haga.”

Y esto es lo que hizo mi amigo construyendo invernaderos para ayudar a la gente y ahora tiene mayor éxito. Ni siquiera sé si volverá a construir casas porque ahora esto es su pasión.

Todo lo que hizo fue plantearse la pregunta:

¿QUÉ PUEDO COMPARTIR CON EL MUNDO?
¿COMO PUEDO RESPALDAR CON MI PASIÓN Y MIS HABILIDADES LO QUE EL MUNDO NECESITA AHORA?

Para hacerlo tuvo que abandonar la idea de lo que había hecho en el pasado, a la que se aferraba.

Es una invitación para todos nosotros, para que nos hagamos esta pregunta a diario, al menos una vez o más veces más: ¿Qué puedo aportar en esta situación, cómo puedo contribuir? Y no decir, ¿qué puede interesarme de ello?

Reforzar la idea de comunidad. Tanto que sea de mi familia, mis vecinos o entre naciones. Una comunidad de apoyo, donde aprender a cooperar y ayudarse unos a otros a transcurrir por uno de los momentos más difíciles de la historia mundial.

¿Cómo puedo servir, qué puedo aportar, cómo puedo contribuir en este mundo? Esa es la pregunta correcta que puede cambiar tu vida

Gregg Braden

jueves, 7 de septiembre de 2017

La última cosa que tienes que hacer antes de ir a dormir por la noche - Wayne Dyer


(Compartido y traducido por Tahíta para la Red Interser)


COSAS BUENAS YA ESTÁN SUCEDIENDO!!!

Esta es una breve nota que Wayne publicó hace años. Su familia la subió a Facebook, con la foto. La traduje para ustedes...



La última cosa que tienes que hacer antes de ir a dormir por la noche

(¿Qué hacer antes de ir a dormir?)

En cuanto a deseos cumplidos, ya  escribí sobre la importancia de los últimos cinco minutos del día, justo antes de entrar en un sueño reparador largo.

Estos preciosos momentos antes de sueño pueden ser utilizados por cualquiera para la revisión de todas las cosas en tu vida que te hacen infeliz, frustrado y ansioso, o pueden ser utilizados para programar tu mente subconsciente con pensamientos de alegría, bondad, gratitud y la anticipación de tener tus deseos cumplidos.

Esta muestra, que cuelga en mi cama es la última cosa que veo antes de irme a dormir. En cuanto me acuesto en la cama reviso en mi mente todo aquello por lo cual agradecer a mi PRESENCIA YO SOY que siempre está conmigo. Sé que las cosas buenas no sólo van a suceder sino que ya están sucediendo en mí y en  mi entorno.

Me recuerdo a mí mismo todas las noches en estos momentos anteriores al sueño lo portentoso que dice el libro de Job (33: 15-16) ... "En un sueño, en una visión de la noche, mientras dormitan en sus camas, entonces Él abre los oídos de los hombres, y sella su instrucción.

"Yo, personalmente, entro en mi sueño con la convicción de que buenas cosas van a suceder.

Te invito a que entres en ese estado de pre-sueño usando tu mente asumiendo el sentimiento de que tus deseos ya se están  cumpliendo. Este es el comienzo de la reprogramación de tu mente subconsciente

Wayne

martes, 28 de marzo de 2017

LA INSUFRIBLE NECESIDAD DE TENER SIEMPRE LA RAZÓN





Hay personas así, opinadores profesionales, mentes obcecadas en el “yo tengo la razón y tú te equivocas”. Son perfiles con el ego muy grande y una empatía muy pequeña, especialistas en alzar disputas continuas, artesanos habilidosos en desestabilizar la armonía de todo contexto.

Querer tener razón y demostrar que estamos en lo cierto es algo que a todos nos satisface, no podemos negarlo. Es un refuerzo para la autoestima y un modo de reequilibrar nuestras disonancias cognitivas. Ahora bien, la mayoría de nosotros entendemos que hay límites, sabemos que es vital aplicar actitudes constructivas, una visión humilde y un corazón empático capaz de apreciar y respetar los enfoques ajenos.

“Una creencia es algo a lo que te aferras porque crees que es verdad”
-Deepak Chopra-

Sin embargo, uno de los grandes males de la humanidad sigue siendo esa insufrible necesidad por tener siempre la razón. “Mi verdad es la única verdad y la tuya no vale” enarbola el palacio mental de muchas personas e incluso de ciertos organismos, grupos políticos o países que gustan de vendernos sus idearios como panfletos moralizantes.

Ahora bien, más allá de ver estos hechos como algo aislado o anecdótico, debemos tomar conciencia de que es algo serio. Porque quien se obsesiona en tener siempre la razón acaba sufriendo dos efectos secundarios implacables: el aislamiento y la pérdida de la salud. Debemos ser capaces de conectarnos a los demás, de ser sensibles, respetuosos y hábiles a la hora de crear entornos más armónicos.

Dos hombres en un barco: la historia de la ceguera, el miedo y el orgullo

Thich Nhat Hanh, también conocido como “Thay” (“maestro” en vietnamita) es maestro zen, poeta y un gran activista por la paz. Cuenta con más de 100 libros publicados y fue propuesto para el premio Nobel de la Paz por Martin Luther King.

Entre las muchas historias que el maestro Thay nos suele dejar, hay una que nos da un buen ejemplo sobre la insufrible necesidad del ser humano por tener la razón. El relato se inicia en una mañana cualquiera en una región de Vietnam. Era la década de los años 60 y el contexto bélico se extendía en todas aquellas tierras antes tranquilas, serenas y marcadas por las rutinas de su gente.

Ese día dos viejos pescadores navegaban río arriba cuando de pronto, avistaron una embarcación que se dirigía a ellos río abajo. Uno de los ancianos quiso remar hacia la orilla pensando que en ese barco iba el enemigo. El otro anciano, empezó a gritar a viva voz alzando su remo convencido de que era un pescador incauto y poco hábil.

Los dos pescadores empezaron a discutir entre sí como niños en un patio de colegio, hasta que segundos después, la embarcación que iba río a bajo los embistió de pleno lanzándolos al agua. Los ancianos se cogieron a los restos de madera flotantes descubriendo que el otro barco iba vacío. Ninguno de los dos tenía razón. El auténtico enemigo estaba en sus mentes, en unas mentes demasiado obcecadas y en unos ojos que ya no contaban con la agudeza visual de antaño.



Las creencias son nuestras posesiones
Las personas somos auténticas máquinas de creencias. Las interiorizamos y las asumimos como programas mentales que nos repetimos una y otra vez a modo de letanía, hasta procesarlas como una propiedad, como un objeto que debe ser defendido a capa y espada. De hecho, nuestro ego es todo un mosaico de variadas y férreas creencias, esas por las que más de uno no duda perder a los amigos con tal de llevar siempre la razón.

“Recortas y moldeas tu cabello y siempre te olvidas de recortar tu ego”
-Albert Einstein-

Por otro lado, es conveniente recordar que todos tenemos pleno derecho a tener nuestras propias opiniones, nuestras verdades y nuestras predilecciones, esas que hemos descubierto con el tiempo y que tanto nos identifican y definen. Sin embargo, cuidado, porque ninguna de estas dimensiones deben “secuestrarnos” hasta el punto de arrojarnos a ese calabozo de “mi verdad es la única verdad que cuenta”.

Hay quien vive inmerso en un diálogo interior que a modo de mantra, le repite una y otra vez que sus creencias son las mejores, que sus enfoques son inamovibles y que su verdad es un lucero de sabiduría inviolable. Pensar de este modo les arroja a tener que ir por la vida buscando personas y situaciones que validen sus creencias, y las “verdades” de esos mundos atómicos y restringidos donde nada debe ser cuestionado.

Las consecuencias de vivir con este tipo de enfoque mental suelen ser serias y casi irremediables.

La desesperante necesidad de tener siempre la razón y sus consecuencias
El mundo no es en blanco y negro. La vida y las personas encuentran su máxima belleza y expresión en la diversidad, en los enfoques variados, en los distintas perspectivas de pensamiento ante los cuales, ser siempre receptivos para aprender, crecer y avanzar.

“El regalo más hermoso que podemos darle a otra persona es nuestra atención”
–Thich Nhat Hanh-

Apegarnos al pensamiento único y en la imposición de una verdad universal es ir en contra de la esencia de la humanidad, e incluso del propio ejercicio de la libertad individual. No es lícito, no es lógico y tampoco es sano. James C. Coyne, escritor, psicólogo y profesor emérito de la escuela de psiquiatría en Universidad de Pennsylvania afirma que la necesidad de tener siempre la razón es un mal moderno capaz de afectar a nuestra salud física y emocional.

Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Bradford (Reino Unido), cerca del 60% de personas con este tipo de perfil, sufre úlceras, altos niveles de estrés y relaciones disfuncionales con la familia. Además, y por si no fuera bastante, son personas que alteran la convivencia de todo entorno en el que se mueven.


Para concluir, algo que todos sabemos es que nuestro a día a día es como un fluir donde se entrecruzan varias y complejas corrientes. Todos vamos en nuestros propios barcos, bien río arriba o bien río abajo. En lugar de obcecarnos en mantener siempre una misma dirección, aprendamos a alzar la vista para no chocar los unos con los otros.

Permitamos el paso, creemos un mar de mentes capaces de conectarse las unas con las otras para fluir en libertad y en armonía. Al fin y al cabo todos buscamos un mismo destino, que no es otro que la felicidad. Así que construyámoslo poniendo como base el respeto, la empatía y un sentido auténtico de convivencia.


FUENTE:lamenteesmaravillosa