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miércoles, 27 de febrero de 2019

Cuando todo se derrumba - Jeff Foster


Hoy me encontré con esta publicación de Jeff Foster, me cayó como anillo al dedo. Toda la serie de acontecimientos que se han estado desarrollando alrededor están conmocionando, literalmente, nuestro mundo y el modo en el cual percibimos la vida en Venezuela, febrero 27 del 2019... a buen entendedor...

Con muchísimo gusto y agradecimiento les comparto este escrito, de corazón les deseo que les nutra tanto como a mí.

Conny

CUANDO TODO SE DERRUMBA

Una relación finaliza inesperadamente, el éxito se convierte en fracaso de un día para otro, muere un ser querido, recibes un diagnóstico inesperado y, de repente, sientes una profunda incertidumbre, que la tierra se hunde bajo tus pies, tienes el sentimiento de que el mundo gira sin control. Nada parece ya real. Es como si tu vida ya no fuera "tu" vida, como si estuvieras en una extraña película impersonal y no supieras hacia dónde ir ni dónde quedarte.

 El futuro, que una vez parecía tan sólido y "real", se encuentra ahora expuesto a la mentira y el cuento de hadas que fue, y tus sueños del "mañana" se convierten en polvo. De todas formas, el "mañana" nunca iba a suceder, no en la forma que habías planeado inconscientemente.

Ahora no hay respuestas satisfactorias, ninguna autoridad para guiarte, ya que nadie puede experimentar tu experiencia por ti y nadie tiene tus respuestas; te sientes profundamente solo en un planeta girando en el espacio vasto e infinito. Te sientes como regresando al útero.

¡Estupendo! ¡Es una magnífica invitación! La vida no se ha equivocado, puesto que la vida no se puede equivocar, ya que todo es vida y la vida es todo. Solo pueden desmoronarse nuestros sueños y planes "sobre" la vida, pero no la vida misma. Esta experiencia presente, esta confusión y duda cósmica, esta angustia, no es contra la vida, esto ES vida, la sagrada vida del momento.

No es la escena "equivocada" en la película, ES la película; por más dura que parezca ahora, una vasta inteligencia está trabajando aquí, una inteligencia que nos hace respirar por la noche, hace latir nuestro corazón, bombeando sangre por todo el cuerpo, curando heridas, cuando "nosotros" ni siquiera estamos ahí para observarla o para que le prestemos atención.

¿Qué sucede cuando, por un momento, dejamos de intentar comprenderlo todo, dejamos de agarrarnos a los viejos sueños y dejamos de compadecernos por su pérdida y nos enfrentamos a la realidad pura y abierta de las cosas tal como son?, ¿qué sucede cuando, por un momento, tomamos realmente el paso radical e inesperado de decir SÍ a la incertidumbre, la duda, la confusión, el dolor, la angustia?, ¿qué sucede cuando afirmamos lo no conocido en lugar de intentar escapar de ello?, ¿qué sucede cuando nos enfrentamos a la desolación en lugar de alejarnos de ella?, ¿qué sucede cuando confiamos en la apertura de las cosas y permitimos que la inteligencia profunda de la vida trabaje con su magia en la desolación?, ¿puede ser correcto, por un momento, no tener las respuestas, no tener los puntos de referencia, no saber ya nada más?, ¿puede ser correcto, por un momento, sentir ESTO, sea la que sea la forma que ESTO toma ahora?

 Y en medio de los escombros, ¿podemos de nuevo respirar y contactar con ese lugar dentro de nosotros, ese lugar muy íntimo y familiar de silencio y presencia profunda?, ¿ese lugar que no necesita conocer ni preocuparse de los sueños y que no quiere ninguna respuesta?, ¿podemos recordar esa quietud que siempre ha sido secretamente nuestro mejor amigo?, ¿podemos relajarnos en esa claridad que nunca nos ha abandonado?, ¿podemos tomar nuestro lugar como esa conciencia que no puede destruirse?

Quizás la inteligencia cósmica no nos ha abandonado y justo en el centro de este desorden aparente de este momento, hay algo que no está involucrado en absoluto en este desorden. Lo podemos llamar amor, o Dios, o consciencia, o simplemente Quienes Somos Realmente, antes de nuestros sueños sobre cómo debería ser la vida, cómo debería ser la apariencia, el sabor, el sonido y el olor de este momento.

 Quizás nuestros sueños existen para que se rompan y nuestros planes existen para que se desmoronen, y nuestros "mañanas" existen para que se disuelvan en hoy, y quizás todo esto es una invitación gigantesca a despertar del sueño de la separación, a despertar del espejismo del control y abrazar de todo corazón aquello que está presente.

Quizás todo sea una llamada a la compasión, a un profundo abrazo de este universo en toda su felicidad y dolor, en toda su dulce y amarga gloria. Quizás nunca tuvimos realmente el control de nuestras vidas y quizás se nos invita constantemente a recordar esto, ya que lo olvidamos constantemente.

Quizás el sufrimiento no es en absoluto el enemigo, y en su núcleo hay una lección en tiempo real y de primera mano que todos debemos aprender, si hemos de ser realmente humanos y realmente divinos.

 Quizás los fracasos siempre contienen progresos. Quizás el sufrimiento es simplemente un derecho de paso, no una prueba o un castigo, no una señal que indica algo en el futuro o el pasado, sino un apuntador directo al misterio mismo de la existencia, aquí y ahora.

Quizás la vida no puede, en absoluto, "equivocarse".



Jeff Foster


miércoles, 18 de julio de 2018

¿Por qué Sufrimos?- Jeff Foster

Comparto con todos esta publicación de Jeff Foster.
Espero que la disfruten tanto como yo.
La traducción fue realizada por Tahíta para la red InterSer.



 He sido, la mayor parte de mi vida, un pequeño yo triste  y solitario, una ola deprimida en el océano cósmico de la vida. Me sentía totalmente separado de ese océano, y vivía en lucha constante conmigo mismo y con los demás, sin disfrutar jamás de un solo momento de descanso. Pasé muchos años intentando desesperadamente encajar, triunfar, conectarme con los demás, encontrar amor, descubrir mi sitio en el mundo, pero, a pesar de todos mis esfuerzos, caí en una depresión cada vez más profunda. Culpaba a todo y a todos de cómo me sentía: a mis genes, la química de mi cerebro, la educación que recibí, mis padres, mis amigos, mi jefe, la crueldad de la vida, nuestra sociedad obsesionada con el dinero, los medios de comunicación, los carnívoros, los políticos, las corporaciones, los «malhechores»... Mi desdicha nada tenía que ver conmigo, o eso creía yo. Era la única respuesta posible a una vida que se había vuelto contra mí. La vida era cruel, era injusta, era hostil; la vida me había maldecido. La culpaba de mi desdicha, y sentía que tenía perfecto derecho a hacerlo. «Si hubieras pasado por lo que yo he pasado, ¡tú también te sentirías como yo!»: así es como me gustaba justificar mi desdicha ante los demás.

                La vida no había estado a la altura de mis expectativas, la gente me había defraudado y, por más que lo intentara, no tenía ningún control sobre el rumbo que mi existencia había tomado. A consecuencia de todo ello, acabé postrado en cama, sin energía para levantarme, asqueado, con un sentimiento de opresión y ganas de morir, sin fuerzas ni ánimo para hacer frente al día que se presentaba. ¿Qué sentido tenía salir de la cama? Detrás de la puerta de mi habitación, lo único que me esperaba era más desdicha. Sabía lo que era la vida, y quería eludirla a cualquier precio. La vida era dolor, y yo no quería sentir dolor.

                ¿Cómo había terminado así? En pocas palabras, a lo largo de los años había forjado muchas ideas sobre cómo debía ser la vida. Había recopilado muchas creencias acerca de la realidad, muchas teorías sobre la manera en que realmente funcionaban las cosas, muchos conceptos sobre lo que debía y no debía suceder en el mundo. Había llegado a infinidad de conclusiones sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, sobre lo que era bueno y era lo malo, lo que era normal y anormal, apropiado e inapropiado.

Y tenía muchas imágenes de mí mismo que había intentado sostener en pie, muchas exigencias sobre cómo quería que los demás me vieran y cómo quería verme a mí mismo.

                Deseaba ver y que los demás vieran en mí a un triunfador, a un hombre atractivo, inteligente, generoso, bueno, compasivo y virtuoso. Pero la vida se interponía continuamente en mi camino impidiendo que se cumplieran mis deseos; la vida, sencillamente, no me dejaba ser quien yo quería ser. La vida no me entendía. Nadie captaba quién era yo. ¡Nadie me entendería jamás! El hecho de ver frustradas mis expectativas de la vida y de juzgarme, además, a mí mismo continuamente me acarreaba dolor, y yo detestaba el dolor y no quería tener que soportarlo ni un minuto más.

                A pesar de todo, alrededor de los veinticinco años, tras una serie de percepciones muy lúcidas, empecé a entender con claridad que, en el nivel más básico, la depresión que sufría era en realidad la experiencia de mi profunda resistencia a la vida. No es que experimentara algo ajeno a mí llamado depresión. No es que algo llamado depresión me estuviera sucediendo. Lo que experimentaba era mi propia guerra interior con la manera de ser de las cosas, y, en la raíz de esa guerra, estaba mi propia ignorancia de quién era realmente. Había dejado de ver la completud de la vida; había olvidado cuál era mi verdadera naturaleza, e, indignado, me había lanzado a combatir la experiencia presente. Incapaz de darme cuenta de quién era en realidad, e identificándome por tanto como un «yo» separado, había entrado en guerra con el momento presente.

                La depresión estaba enteramente relacionada con mi forma de ver el mundo: con los juicios que hacía de él, las creencias que tenía de él, las exigencias que albergaba sobre cómo debería ser este momento. Por debajo de aquella tentativa de controlar la vida con el pensamiento, estaba el miedo a los desafíos, a las pérdidas y, en última instancia, a la muerte. La resistencia que le oponía a la vida me llevó a una depresión extrema, suicida..., pero todos estamos desconectados de la integridad en mayor o menor medida, y el grado en que nos desconectamos de la integridad es el grado en que sufrimos. Yo me había desconectado de la vida totalmente, y el sufrimiento se hizo insoportable. Me había convertido en un cadáver andante, pero no era la vida la culpable de ello; inocentemente, lo había hecho yo, en mi porfiada búsqueda de una integridad futura que nunca iba a llegar.

                En la raíz de la depresión estaba el sentimiento de que yo era una persona separada..., un yo individual, una entidad desvinculada de la vida en sí y apartada de este momento. Y aquel yo individual tenía que encontrar la manera de mantener, sostener y sustentar algo llamado «mi vida»..., de orquestarlo, de hacer que tomara la dirección en la que yo quería que fuera, de tener control sobre ello. Eso es lo que me habían enseñado desde muy niño, y eso es lo que el mundo me había estado gritando: se esperaba de mí que tomara las riendas de mi vida, que supiera lo que quería y friera capaz de lanzarme a conseguirlo. Los demás parecían saber todos dónde estaban, qué hacían, adonde iban, y yo, en cambio, era incapaz de sostener en pie el relato de mi vida sin que me cayera encima y me aplastara. La depresión fue la experiencia de no ser capaz de mantener mi vida en pie y de sentir, como consecuencia, que mi vida, literalmente, me deprimía.

                En la actualidad, veo que a todos nos «deprime» (del latín premere, «presionar», y de, «hacia abajo») el peso de nuestras vidas, el peso de nuestra historia y de nuestros futuros imaginados. En este sentido, puede decirse que ¡todos estamos deprimidos en mayor o menor medida!, pese a que solo cuando el peso se vuelve prácticamente imposible de acarrear nos atribuyamos el calificativo de «deprimidos» y nos separemos de nosotros mismos y de los demás. Aunque no todos suframos de depresión clínica, todos vamos por ahí cargados con un relato de nosotros mismos que hemos ido elaborando, intentando hacer que nuestra vida vaya por donde queremos que vaya. Y, en uno u otro nivel, todos fracasamos en esa tentativa de ser quienes no somos.

                Mi sufrimiento tomó forma de depresión, angustia existencial, timidez enfermiza y total falta de intimidad en mis relaciones. Pero todos sufrimos a nuestra manera; ahora bien, o vemos en el sufrimiento un estado terrible que se ha de evitar a toda costa o lo vemos por lo que realmente es: una señal muy clara que nos indica el camino de vuelta a casa.

                En medio de la depresión extrema, brilló de pronto otra posibilidad: quizá mi fracaso al intentar sostener mi vida no fuera en realidad una enfermedad, una perturbación mental ni una señal de debilidad o de disfunción. Quizá, de entrada, aquella no fuera mi vida, la vida que debía sostener en pie, y yo no fuera quien pensaba que era. Quizá la verdadera libertad no tuviera nada que ver con ser una ola mejor dentro del océano, con perfeccionar el relato de mí mismo que me contaba. Quizá la libertad tenía que ver sola y exclusivamente con despertar del sueño en el que somos olas separadas, y con abrazar todo lo que aparece en el océano de la experiencia presente. Quizá ese fuera mi trabajo, mi verdadera vocación en la vida: aceptar profundamente la experiencia presente, desprenderme de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento, en vez de empeñarme en sostener una falsa imagen de mí mismo.

                Empecé a perder interés en fingir que era lo que no era. Empecé a perder interés en oponer resistencia al momento presente. Empecé a enamorarme de la experiencia presente. Descubrí la profunda aceptación inherente a cada pensamiento, a cada sensación, a cada sentimiento, y el sufrimiento comenzó a caer en picada. Me di cuenta de que no era un ser defectuoso ni nunca lo había sido, y de que esto era igualmente aplicable a todos los demás seres humanos del planeta.

                El sufrimiento humano puede parecer tan insondable, incontrolable, impenetrable..., un problema demasiado descomunal para poder remediarlo. A veces parece tan sin sentido, tan inexplicable o tan fortuito y repentino que lo único que uno puede decir es: «¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?», «¡Debe de ser por mí, por mi forma de ser!», «Será que es mi sino sufrir así», «Seguro que es la genética, o algún desequilibrio químico del cerebro».

                Yo no creo que haya nadie fundamentalmente incapacitado para la vida, que nadie tenga que sufrir, que haya ninguna desdicha predestinada o inherente a nosotros en modo alguno.

                Lo que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el momento. Oponen una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo, y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de responder a la vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o que debería ser.

                Todo mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció para hacerme ver —de la manera más dramática que cabe— hasta qué punto me había desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos indica el camino de vuelta a la integridad.

                Con frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la vida. Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.

                Cada ola es una expresión única del océano, y cada ola sufrirá de una manera distinta. Tu sufrimiento es tu imitación sin par a que retornes al océano.

                Mi depresión apuntaba directamente al despertar espiritual. Mi depresión indicaba el camino de vuelta a quien soy realmente, que está siempre en profundo reposo; era una invitación a soltar la carga de mi pesado relato sobre el pasado y el futuro, y a descansar profundamente en la experiencia presente; era una invitación a despertar del sueño de la separación. Solo que tardé cierto tiempo en aceptarla.

                Comprender que nada exterior a nosotros provoca en realidad nuestro sufrimiento es la clave de una increíble libertad.

Las circunstancias nunca pueden ser realmente la causa de nuestro sufrimiento; es siempre la respuesta que damos a las circunstancias la que nos hace sufrir.

Sufrimos solo cuando buscamos la forma de escapar de ciertos aspectos de nuestra experiencia presente y, al hacerlo, nos separamos de la vida y entramos en guerra con nosotros mismos y con los demás —a veces de manera obvia y a veces de manera muy sutil—.

Nuestro sufrimiento tiene sus raíces en la negativa a sentir lo que sentimos, a experimentar lo que experimentamos ahora mismo.

El sufrimiento es inherente a nuestra guerra con la vida tal como es, inherente a la ceguera que nos impide ver que todo lo que sucede en el momento está siempre aceptado, en el sentido más profundo.



Jeff Foster

martes, 16 de enero de 2018

10 principios esenciales del despertar - Jeff Foster


NO HAY NINGÚN DESTINO, SÓLO EL MOMENTO PRESENTE
Sólo hay ESTO; la presente escena de la película de tu vida. Sal de la historia épica del tiempo y el espacio, del pasado y el futuro, de la culpa y la anticipación, y de la búsqueda de los diferentes estados y experiencias; relaja el foco habitual que has puesto en ‘lo que se ha ido’, ‘en lo que aún no llega’ – cosas que no puedes controlar desde donde estás. Sal de la historia de ‘Mi Vida’ y date la oportunidad de sentirte fascinado por lo que está vivo, aquí, en este momento. Siéntete curioso por esta emocionante danza de pensamientos, sensaciones, sentimientos e impulsos que están ocurriendo justo en donde estás. Recuerda, el Ahora es el único lugar desde donde las verdaderas respuestas pueden surgir. El momento presente es tu verdadero hogar, anterior al tiempo y al espacio.
EL PENSAR GENERA SUFRIMIENTO
El dolor no es el problema, el problema es lo que pensamos acerca del dolor; nuestra resistencia a la incomodidad, nuestro intento de escapar. El verdadero problema empieza cuando comenzamos a rumiar nuestro dolor, nuestra tristeza, nuestros miedos, nuestra ira; cuando nos inquietamos con nuestras molestias, ¡retrasando y adelantando la película! Cuando le damos vueltas en la cabeza a las tristezas de ayer y mañana, en lugar de explorar y experimentar directamente los momentos difíciles de hoy conforme van apareciendo. Añadimos una capa innecesaria de pensamiento y resistencia a la vida, y esto genera sufrimiento. ¿La invitación? Sal del pasado y el futuro, de la búsqueda y la lucha, y reúnete con la vida en el crudo e inmediato ahora, sin juicios y sin esperar que la ‘paz’, la ‘relajación’, la ‘iluminación’ o cualquier tipo de cambio llegue. Únete al momento bajo sus propios términos; velo como un regalo. Déjate tocar por lo agradable y lo desagradable, por lo placentero y lo doloroso, sin una agenda.
NI LOS PENSAMIENTOS NI LAS SENSACIONES SON PERSONALES
Ve los pensamientos y sensaciones como eventos neutrales e impersonales que surgen en la consciencia. Al igual que los sonidos que escuchamos, los pensamientos y sensaciones físicas surgen y desaparecen en forma espontánea, como olas en el océano que Eres. De nada de eso te puedes escapar, tampoco puedes controlarlo o eliminarlo. Esa misma actitud amorosa que tienes para con los sonidos, cultívala para con los pensamientos y sensaciones. Recíbelos con la misma actitud de amabilidad y curiosidad. Velos como si fueran tus propios invitados a tu presencia.
TÚ ERES EL ESPACIO QUE ACOGE A LOS PENSAMIENTOS
Los pensamientos no son tú, y no son la realidad; son sólo sugerencias, posibilidades, rumores, propaganda, juicios, voces, imágenes, recuerdos o proyecciones futuras – nubes en el vasto cielo que Eres. No intentes aquietarlos, silenciarlos o detenerlos, no trates de deshacerte de ellos, ni eliminarlos o controlarlos. Sé el espacio para ellos, ¡incluso si están demasiado activos en este momento!Recuerda, si notas los pensamientos, si te haces plenamente consciente de su movimiento, no te verás atrapado en ellos. Ellos no te definen. Tú eres el imperturbable contenedor, no el contenido. Sé lo que eres – el inmutable abrazo para cada pensamiento.
RESPIRA EN EL MALESTAR Y EL DOLOR
Respira en el corazón de las sensaciones de malestar; dales dignidad. Hónralas, en lugar de cerrarte a ellas y matarlas de hambre y frío. En una inhalación imagina o siente tu aliento moviéndose a través de las partes involucradas e imbúyelas con vida y amor. Llena esa región que se siente incómoda en tu cuerpo con oxígeno, amor y dignidad. No trates de ‘curar’ las sensaciones. Ellas sólo quieren ser tomadas en cuenta, ser honradas, y ser incluidas en la presente escena. Asume que incluso el malestar contiene inteligencia; que no está en tu contra.
LA ACEPTACIÓN NO ES UN ‘HACER’, LA ACEPTACIÓN YA ES
La aceptación no significa que algo desagradable vaya a desaparecer. Eso podría quedarse un rato. No intentes aceptarlo (porque eso normalmente es resistencia disfrazada), más bien reconoce que eso YA ha sido aceptado, aquí. Trátalo como algo que tal vez estaría aquí por siempre. Eso elimina la presión del tiempo, (tratando de que se vaya, preguntándote por qué “sigue ahí”). Eso ESTÁ aquí, ahora. Haz una reverencia ante ESTA realidad. Sé curioso. Y permite que cualquier urgencia, cualquier sentimiento de frustración, aburrimiento, decepción e incluso desesperación aparezca y sea incluida. Todo ello es parte de la presente escena, no un obstáculo. ¡Incluso la sensación de que hay algún obstáculo es parte de la escena!
NO EXISTE EL ‘SIEMPRE’, NO EXISTE EL ‘NUNCA’
En realidad no existe el ‘siempre’ ni el ‘nunca’. Hazte plenamente consciente de esas palabras; son mentiras, y pueden crear un sentido de urgencia e impotencia; alimentan la historia de la búsqueda y la escasez. No hay un ‘resto de mi vida’, ningún ‘por años’, ningún ‘todo el día’. Sólo hay el Ahora, tu único lugar de poder. A veces incluso pensar acerca de mañana resulta demasiado. Sé aquí.
SÓLO PUEDES LLEGAR ‘ALLÁ’ A TRAVÉS DE SER ‘AQUÍ’
Muchas veces nos enfocamos tanto en la meta, en el destino, que olvidamos el viaje, nos desconectamos de cada precioso paso y generamos estrés. Confía en que el simple hecho de estar presente te llevará hacia donde tienes que estar. Retira tu atención de los 10,000 pasos que han de venir, de los 10,000 pasos que aún no das, y recuerda el paso de este momento, el antiguo y vivo suelo. A menudo no sabemos hacia dónde nos dirigimos, y eso está bien. Haz amistad con la incertidumbre, con la duda; aprende a amar este lugar sagrado sin respuestas. Está vivo y es creativo y está lleno de potencial.
ABRAZA TUS TROPIEZOS
Si te das cuenta que te has perdido en una historia, que te has desconectado, celébralo. Simplemente te has despertado de un sueño. Una gran inteligencia está viva en ti, un poder que te permite darte cuenta y conectarte. Has salido de millones de años de condicionamiento. No te castigues por haber olvidado, mejor celebra tu capacidad de recordar. ¡A este momento no le interesa si te olvidaste de él! Olvidar es una parte perfecta de la película. ¡Permítete olvidar, a veces! Deja que el camino te haga más humilde, en lugar de tratar de ser ‘perfecto’. La duda, la decepción y la desilusión serán tus constantes compañeros a lo largo de este camino sin camino. No hay ningún destino en la Presencia, no hay ninguna imagen de ‘éxito’ que tenga que defenderse. No puedes equivocarte, cuando no hay ninguna imagen de lo que es ‘correcto’.
NUNCA TE COMPARES
Eres único; tu viaje es absolutamente original. Todos podemos ser expresiones del mismo océano de la consciencia, pero al mismo tiempo, todos somos una expresión única de ese mismo océano, ¡olas absolutamente únicas! ¡Nunca te compares con nadie! Cuando comienzas a compararte devalúas tus únicos e irremplazables dones, talentos y verdades, y te desconectas de tu tan singular experiencia presente. No compares este momento con ninguna imagen de cómo pudo o debió haber sido. La sanación se hace posible cuando dices SÍ al sitio en donde te encuentras ahora, incluso si no es en el que habías soñado estar ‘ahora’. Confía, y confía a veces en que no puedes confiar. Tal vez, aquí, puedas confiar en tu falta de capacidad para confiar, e incluso la sensación de que no puedes soportar este momento, esté siendo ya aceptada…

por Jeff Foster

(Publicado por Tahíta en InterSer)

domingo, 5 de marzo de 2017

Deja de creer... Ríndete



"Si quieres ver la verdad claramente, nunca te muestres a favor ni en contra. La lucha entre "a favor" y "en contra" es la peor enfermedad de la mente".

BRUCE LEE.


"No hay nada malo ni bueno en sí mismo, es nuestro pensamiento quien lo transforma".

HAMLET.


"La esclavitud comienza en la mente y consiste en elegir creer que no tienes ninguna opción. La elección es el botón de encendido y apagado de nuestro poder. Cada segundo de nuestra vida es realmente sólo una elección para vivir de una u otra manera. No hay ninguna verdad definitiva. Elegimos la realidad momento a momento, basándonos en una creencia o en otra, y también podemos elegir o des-elegir".

ANDREA BALT



Nunca nos ponemos en contacto con la realidad, sino que percibimos todo a través de un filtro mental, que construimos según nuestras experiencias de vida, positivas o negativas, las enseñanzas de nuestros padres o el aprendizaje al que estamos sometidos. Una niebla espesa oculta toda posibilidad de acercarnos a esa realidad, ya que nuestra forma indiscriminada de acumular acontecimientos pasados, traumas y temores distorsiona la percepción, lo que hace que no sepamos donde se encuentra la verdad o que ésta parezca siempre muy lejos de nosotros. Por eso, igualmente, cada uno crea su realidad diferente de la del resto. Todo lo que creemos ser y lo que nos rodea tiene que ver con nuestros filtros mentales.

Nuestro cerebro filtra la información que recibimos a través de nuestros sentidos, pero ¿qué descarta y qué es importante para él? En la base de nuestro cerebro hay una red de conducción nerviosa que hace de filtro para todos los mensajes que nos llegan del exterior. Es el SAR. El SAR (sistema de activación reticular) opera 800 veces más rápido que la mente consciente y es quien se encarga de traer a nuestra vida las cosas que están en sintonía con lo que creemos. Eso que nos llega no es ni deja de ser real, está filtrado, pero hace que aparezcan circunstancias que desde nuestra mente consciente serían impensables, cosas que nos hacen creer que la vida es así, que no tenemos o tenemos suerte o que estamos en manos del destino.

Esta es la razón por la que, igualmente, juzgamos las cosas antes de experimentarlas, se nos repiten los procesos, siempre caemos con personas que se parecen, una misma cosa nos ocurre una y otra vez, nos bloqueamos, nos resistimos, postergamos, opinamos sin criterio, los negocios nos fallan, no emprendemos, fallamos siempre en lo mismo o nos consideramos, torpes, desatinados, inmaduros, e incapaces de salir de nuestro rincón seguro,aunque ese rincón sea insoportable. En definitiva, esto es lo que hace que siempre creamos estar en la verdad o tengamos tanto miedo a la vida.

¿Si todo pasa por el tamiz de nuestra mente, cómo sabemos entonces lo que es real y lo que no? Ni nos lo planteamos. Para casi todos, lo que creemos es real. Actuamos y reaccionamos según filtros mentales que están configurados por nuestras creencias, ideales, valores, experiencias, vivencias, antecedentes familiares, cultura, estados emocionales, hábitos de pensamiento, esquemas mentales, ideas preconcebidas, expectativas, ... La suma y resultado de todo esto se ocupa de “transformar” la realidad en “nuestra realidad” y nos hace creer que siempre tenemos razón. Las cosas son como son, porque así han sido siempre y así lo creo yo ¿Yo? Y… ¿Son?

Todos tenemos una imagen distorsionada de la realidad, porque toda realidad está teñida de pensamientos y creencias, que tienen que ver con toda esa gama de cosas que hemos acumulado en nuestras vidas. Todos, sin excepción, vemos las cosas, no como son, sino como nosotros somos. ¿Cómo son las cosas entonces? Son, esto es lo único que podemos tener claro. Todo es creado a partir de sistemas de creencias inconscientemente elegidos e incontrolados.

Al experimentar la vida, consciente o inconscientemente, a través de nuestro paradigma, lo mantenemos y lo reforzamos. A cada instante la mente se fortalece porque le damos la razón. Las creencias hacen que percibamos el mundo tal como nuestro sistema lo define. No hay percepción objetiva y lo que es aún peor, nos pasa desapercibido si ese filtro, por el que la realidad se pone en contacto con nosotros, tiene un contenido válido o si nos limita y nos quita poder.

Las diferencias entre nosotros son infinitas, los filtros tienen coincidencias, pero son distintos, nos ajustamos al paradigma que se nos transmite por herencia, pero, además, pensamos como pensamos y nuestros pensamientos tienen un importante papel mediador entre nosotros y la realidad. Así, el diálogo interno que creamos ante cada situación y los pensamientos recurrentes tienen una importante repercusión en nuestro estado emocional. Podríamos decir que todos tenemos y no tenemos razón. La interpretación de las cosas depende de los puntos de vista y de la inmutabilidad de esos puntos de vista.

Tener puntos de vista es normal, pero que sean inmutables nos hace esclavos de nuestro propio pensamiento y nos invita a entrar en una condición estática, en la que cualquier proceso se bloquea. Ver como los demás caminan encerrados en sus puntos de vista parece fácil, pero vernos a nosotros en la misma situación nos cuesta, no reconocemos el espejo, lo que no nos permite darnos cuenta de hasta dónde somos prisioneros de lo que creemos y pensamos. Estancarnos así, hace que permanezcamos en una zona de confort, a veces muy poco confortable, pero que nos da seguridad.

Pero el ser humano no es eso que parece. Necesitamos estar en constante movimiento, abiertos al cambio. La evolución es apertura, es crecimiento, es ver lo que nos limita y ser flexibles, para utilizar los puntos de vista que sean válidos en cada situación y para, de esa forma, experimentar la vida con libertad y plenitud. Hemos aprendido a tener creencias, a tener puntos de vista y hemos aprendido a vivir con ellas o a no vivir. Nuestra conciencia se ha identificado por completo con nuestro sistema mental, pero no somos lo que creemos y tampoco somos lo que pensamos.

Nuestro férreo paradigma nos hace ver la vida de la forma en que hemos aprendido. Salir de esos sistemas es duro, porque así lo hemos aprendido en la infancia y porque vivimos en un entorno que comparte ese mismo sistema de creencias. Al final, aunque éste nos esclavice, la esclavitud compartida parece menos esclava. Además, nos conformamos y lo asumimos. Es lo que conocemos. Sin embargo, la práctica habitual del sistema lo refuerza y nos perpetúa en una rueda en la que las cosas y las circunstancias se repiten, aunque no nos gusten. Las creencias han servido para sobrevivir y a la mente reptiliana eso le parece perfecto, porque lo importante es la continuidad de la vida. Da igual cómo, da lo mismo si nunca elegimos conscientemente, para ella es indiferente la felicidad o infelicidad que estos sistemas nos propicien. Lo importante es que estamos vivos. Ese es el éxito.

De esta forma la mente lucha por mantenerse aferrada a estos paradigmas exitosos, atada a nuestro pasado, atada a una historia que no existe en otro lugar que en la propia mente, que disfruta con el estatismo y la seguridad antes que cambiar de perspectiva. Tiene tanto miedo que prefiere mantenerse donde está, pero nada nuevo se habría descubierto, de no ser porque algunas personas decidieron hacer frente a las resistencias de su propia mente y a las de su entorno social, nada nuevo habría sido posible sin esos profundos cambios de perspectiva. De otro modo la tierra seguiría siendo el centro del universo o plana…y tantas otras cosas.

Somos y seremos esclavos mientras nuestro cerebro nos dirija, mientras seamos incapaces de sentir sin juicio, mientras crear nuestra realidad se nos haga imposible. Abrirnos a la posibilidad de un cambio en nosotros y en lo que creemos nos asegura crecimiento. Ablandar la mente pequeña, abre la puerta a la mente superior y eso nos trae armonía y toda la dicha de experimentar el momento presente. Sólo a la mente reptiliana le interesa el pasado o cubrir expectativas futuras. El ser humano que usa su mente superior sabe que no existe nada que no esté en este instante mismo en el que estamos vivos. Sólo en el instante presente es posible celebrar la vida y vivir en plenitud.

Nuestra actitud define todo lo que nos sucede. La realidad está formada por nuestros pensamientos y los comunes con la mayoría. Nuestro destino, el de todos, está definido por ese núcleo de pensamientos comunes que tiene detrás todas las creencias. La mente se configura como un sistema inmutable en la que los cambios no se plantean y son poco aceptados por la mayoría, aprendemos por imitación, aprendemos sin comprender lo aprendido, sin cuestionar, sin dudar de lo que se nos enseña.

Sin embargo, el cambio es posible. Si aprendemos por repetición, si este sistema del que hablamos se fortalece con el uso, también se debilita a fuerza de promover un cambio continuo y constante. "El ser humano se hace libre cuando aprende a utilizar su sistema mental en lugar de ser manejado por él". El ser humano cambia cuando deja de creer en todo lo que le es externo, cuando acepta que se equivoca, que comete errores, que es perfecto en su imperfección, cuando se ama y ama todo lo que le rodea. El ser humano cambia cuando deja la alerta constante, cuando no siente la vida como un peligro, cuando fluye sin miedo. El ser humano cambia cuando acepta y se rinde al momento presente.

"Nunca entendiste la vida porque así se suponía que debía de ser. Estabas destinado a vivir, a vivir sus muchas paradojas…

Cuanto más das sin ninguna expectativa, más recibes a cambio. Cuanto menos te preocupas, cuanto más sueltas los resultados, más cuidas y amas el viaje. Cuanto más puedas ser tú mismo, menos necesidad tienes de aferrarte a un yo.

Cuanto más espacio les ofrezcas a los pensamientos, menos serás controlado por ellos, y cuanto más profundamente lo hagas, mejor comprenderás que no eres el pensador.

El amor no es lo que consigues, es lo que eres. La iluminación no es un destino, es la luz que ilumina el camino. A veces un ‘no’ es un SÍ masivo a la vida. A veces tienes que fallar, y caer, para sentir que has tenido éxito al ponerte de pie. Eso que tanto anhelas, es lo único que no puede ser encontrado, porque ya está aquí, en el corazón de ese mismo anhelo.

Cuanto más conoces la muerte, más conoces la vida. Cuanto más huyes de la muerte, menos vivo te sientes. Tienes que volverte como un niño para entrar en el Reino. Cualquier cosa en la que creas puedes dudar de ella, y sólo la duda es completamente indudable. En lo Desconocido reside la clase más profunda de Conocer. E incluso tu confusión es vista con absoluta claridad, a través de los ojos del amor incondicional".

Jeff Foster




FUENTES:

El poder de elegir. Annie Marquier. Ediciones Luciérnaga, 2006.

La voz de tu alma. Laín García calvo. Edición propia, 2013.