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jueves, 28 de septiembre de 2017

Lo mejor de los finales, es que siempre son el inicio de algo nuevo


Fuente: https://rincondeltibet.com/blog/p-lo-mejor-de-los-finales-es-que-siempre-son-el-inicio-de-algo-nuevo-28283

Los finales pueden ser tan variados como las experiencias de vida, algunos serán esperados, otros dolorosos, algunos harán estruendo y otros pasarán sin pena ni gloria casi desapercibidos, pero siempre tienen algo en común: Determinan el inicio de algo nuevo en nuestras vidas.

Muchas veces nos negamos y nos resistimos a acabar con algo, a cerrar un capítulo, a decir adiós… Por muchos motivos, pero el que predomina bajo diferentes caras no es otro más que el miedo. Nos da miedo que no nos vaya mejor, que nos vaya igual, que nos arrepintamos, salir de lo que conocemos, no tener fuerzas para recomenzar, que sea tarde, que sea pronto… Miedos, miedos, miedos… Y así podemos mantenernos en la inacción y viviendo por inercia, sin cambiar de rumbo, sin variar la velocidad y sin cerrar esos ciclos que no nos permiten avanzar.

La mayoría de nosotros sabe cuándo ya ha sido suficiente, podemos tener un margen de error de tiempo, pero en términos generales algo ocurre en nuestro interior que hace que una voz se escuche y retumbe que dice: ¡No más! Y sin actuar impulsivamente, debemos darle valor a esa voz y tomar las medidas que sean necesarias, el ignorar a nuestro ser cuando clama por un cambio, es un arma en nuestra contra, que podemos comparar con la indolencia ante el llanto desesperado de un niño.

Los cambios, aunque no los queramos en el momento en el cual ocurren, generalmente son positivos, nos colocan frente al reto de asumir la responsabilidad de nuestras vidas ante nuevos escenarios y en términos generales el crecimiento es casi obligatorio.

Actuemos con fe, sin ser inconformes con lo que tenemos, tengamos en mente que lo mejor está por venir, que  nuestras experiencias pueden ser mucho más retadoras, gratificantes, alineadas con el momento en el cual nos encontramos. Aprendamos a soltar, eso nos hará ahorrarnos tiempo y energía que podemos utilizar en una nueva etapa de nuestras vidas.

No todo tendrá el resultado que esperábamos al momento de iniciar, pero no por ello tendremos que forzar las cosas, para que más o menos se parezca, si no nos gusta lo que hemos obtenido y va en contra de lo que queremos, cerremos ciclos. Obviamente si hemos adquirido una responsabilidad que no podemos dejar atrás, debemos llevarla con nosotros, pero cambiando la manera como la apreciamos, para que ocupe nuestro corazón y no se nos convierta en una carga sobre el alma.

No tengamos miedo a los puntos finales… Nunca son tal, siempre hay un después, en otro capítulo, inclusive cuando se nos acaba el libro, seguramente hay un nuevo comienzo. La vida es eterna y continuada, nuestra experiencia acá es solo una de muchas, pero cada una con un valor incalculable que hace que cada tránsito valga la pena.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

lunes, 26 de junio de 2017

EL CAMPO QUE SOMOS


(Publicado por Tahíta)

Están surgiendo nuevas ideas que cuestionan todas nuestras creencias respecto a cómo funciona nuestro mundo y nuestra manera de definirnos a nosotros mismos. Se están haciendo descubrimientos que prueban lo que siempre ha dicho la religión: que los seres humanos somos mucho más que un simple ensamblaje de carne y huesos. Ésta nueva ciencia responde las preguntas que han tenido perplejos a los científicos durante cientos de años. En su aspecto más profundo, ésta es una ciencia de lo milagroso.
Respetados científicos de muy diversas disciplinas han llevado a cabo experimentos bien diseñados cuyos resultados dejan perplejos a los biólogos y a los físicos. En conjunto, estos estudios nos ofrecen abundante información respecto a la fuerza central que organiza y gobierna nuestros cuerpos y el resto del cosmos.
En nuestro aspecto más elemental, no somos una reacción química, sino una carga energética. Todos los seres vivos son una configuración energética dentro de un Campo de energía conectado con todas las demás cosas del mundo. Este campo de energía pulsante es el motor central de nuestro ser y de nuestra conciencia, el alfa y el omega de nuestra existencia.
No existe una relación dual «yo»/«no yo» entre nuestros cuerpos y el resto del universo, sólo hay un campo energético subyacente. Este campo es responsable de las funciones más elevadas de nuestra mente, y es la fuente de información que guía el crecimiento de nuestros cuerpos. Es nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestra memoria: es en todo momento un anteproyecto del mundo. Más que los gérmenes o los genes, el Campo es la fuerza que determina finalmente si estamos sanos o enfermos, y es la fuerza con la que debemos contactar para curarnos.
Estamos vinculados e involucrados, somos inseparables de nuestro mundo y nuestra única verdad fundamental es nuestra relación con él.
“El campo”, como dijo Einstein en una ocasión, es la única realidad.
Hasta el presente, la biología y la física han sido sirvientas de los puntos de vista expuestos por Isaac Newton, el padre de la física moderna. Todo lo que creemos sobre nuestro mundo y el lugar que ocupamos dentro de él se deriva de ideas formuladas en el siglo XVII que presentan los elementos del universo como si fueran divisibles, como si estuvieran aislados unos de otros y completamente autocontenidos.
Dichas ideas han creado una visión del mundo basada en la separación. Newton describió un mundo material en el que las partículas individuales de materia seguían ciertas leyes de movimiento a través del espacio y del tiempo: pensó en el universo como si fuera una gran máquina. Antes de que Newton formulara sus leyes del movimiento, el filósofo francés Rene Descartes enunció la que en su tiempo era una noción revolucionaria, que nosotros ­representados por nuestras mentes­ estábamos separados de esta materia inerte y sin vida de nuestros cuerpos, que no eran sino otra máquina. El mundo estaba compuesto por una serie de pequeños objetos discretos que se comportaban previsiblemente.
El más separado de ellos era el ser humano. Nosotros estábamos fuera del universo y lo observábamos.
Hasta nuestros cuerpos estaban separados de algún modo y eran otra cosa distinta de nosotros mismos, las mentes conscientes que realizaban la observación.
El mundo newtoniano podía seguir ciertas leyes, pero en último término era un lugar solitario y desolado. El enorme engranaje del mundo seguiría adelante tanto si nosotros estábamos presentes como si no. Con unos cuantos movimientos hábiles, Newton y Descartes arrancaron a Dios y a la vida del mundo de la materia, y a nosotros y nuestras conciencias del centro de nuestro mundo.
Arrancaron el corazón y el alma del universo, dejando tras su paso una colección inerte de piezas interconectadas. Y, sobre todo, como dice Danah Zohar en TbeQuantum Self. : «La visión de Newton nos desgarró del tejido universal».
Nuestra autoimagen se hizo aún más tétrica con el trabajo de Charles Darwin. Su teoría de la evolución habla de una vida aleatoria, predadora, solitaria y carente de propósito. Sé el mejor o no sobrevivirás. No eres más que un accidente evolutivo. El vasto legado biológico de tus antepasados, complejo como un tablero de ajedrez, se ve reducido a un único factor central: la supervivencia. Come o sé comido. En esencia, la humanidad es un terrorista genético que se deshace eficazmente de los eslabones más débiles. La vida no tiene que ver con el compartir y la interdependencia, sino con ganar, con llegar el primero. Y si consigues sobrevivir, te encuentras solo en la copa del árbol evolutivo.
Estos paradigmas ­el mundo como máquina, el hombre como máquina superviviente­ nos han conducido a un dominio tecnológico del universo, pero sabemos muy pocas de las cosas realmente importantes para nosotros. A los niveles espirituales y metafísicos, nos han llevado a una sensación de aislamiento más desesperada y brutal. Y tampoco nos han acercado a la comprensión de los misterios más fundamentales de nuestro propio ser: cómo pensamos, cómo comienza la vida, por qué enfermamos, cómo una única célula acaba dando una persona plenamente formada y qué le pasa a nuestra conciencia humana cuando morimos.
Seguimos siendo apóstoles renuentes de estas visiones de un mundo mecánico y separado, aunque no formen parte de nuestra experiencia cotidiana. Muchos buscamos refugio de lo que consideramos los hechos más implacables y nihilistas de nuestra existencia en la religión, que puede ofrecernos algún auxilio en sus ideales de unidad, comunidad y propósito, pero a través de una visión del mundo que contradice la adoptada por la ciencia. Cualquiera que haya querido adentrarse en la vida espiritual habrá tenido que esforzarse infructuosamente por conciliar estas visiones opuestas del mundo.
Deberíamos habernos deshecho de este mundo de separación de una vez por todas con el descubrimiento de la física cuántica a comienzos del siglo XX. A medida que los pioneros de la física cuántica entraban en el corazón mismo de la materia, lo que veían los dejaba anonadados.Las partículas más pequeñas de la materia ni siquiera eran materia tal como la conocemos, ni siquiera un algo establecido, sino que a veces eran una cosa y otras veces otra completamente diferente.

Y lo que es aún más extraño, a menudo eran varias cosas diferentes a la vez. Pero lo más significativo de todo es que estas partículas subatómicas no tienen sentido aisladas unas de otras, tan sólo en relación con todo lo demás. Al nivel más fundamental, la materia no puede ser dividida en pequeñas unidades autocontenidas, sino que es completamente indivisible. Sólo podemos entender el universo como una trama de interconexiones. Las cosas que estuvieron alguna vez en contacto siguen estando en contacto a lo largo del espacio y del tiempo. Evidentemente, el tiempo y el espacio mismo parecen construcciones arbitrarias, inaplicables a este nivel de la realidad. De hecho,el tiempo y el espacio no existen tal como los conocemos. Todo lo que aparece­ hasta donde el ojo puede ver­ es el gran paisaje del aquí y ahora.
Los pioneros de la física cuántica tuvieron algunos atisbos del territorio metafísico en el que se estaban adentrando. Si los electrones están conectados simultáneamente con todo, esto implica algo profundo respecto a la naturaleza del mundo en general. En su intento de entender la verdad profunda del extraño mundo subatómico que estaban observando, se dirigieron a los textos filosóficos clásicos. Pauli estudió el psicoanálisis,los arquetipos y la cábala; Bohr el tao y la filosofía china; Schródinger la filosofía hindú, y Heisenberg las teorías platónicas de la antigua Grecia. No obstante, seguían sin llegar a una teoría coherente sobre las implicaciones espirituales de la física cuántica.
Había otro asunto inconcluso de orden muy práctico en torno a la teoría cuántica. Bohr y sus colegas sólo llegaron hasta cierto punto en sus experimentos y comprensión. Habían realizado sus experimentos para demostrar los efectos cuánticos en el laboratorio, con partículas subatómicas no vivientes. A partir de ahí, los científicos que siguieron su estela asumieron de manera natural que este extraño mundo cuántico sólo existía en el mundo de la materia muerta. Las cosas vivas seguían operando según las leyes de Newton y Descartes, una visión que ha informado a toda la medicina moderna y la biología. Hasta la bioquímica depende de las fuerzas y colisiones newtonianas.

¿Y qué pasa con nosotros? De repente, nos habíamos convertido en parte fundamental de todos los procesos físicos, pero nadie lo había reconocido plenamente. Los pioneros cuánticos descubrieron que nuestra relación con la materia era crucial. Las partículas subatómicas existían en un estado potencial abierto a todas las posibilidades hasta que nosotros las alterábamos ­al observarlas o medirlas­ y en ese momento se convertían,por fin, en algo real. Nuestra observación,­ nuestra conciencia humana­ era fundamental para que este flujo subatómico se convirtiera en una cosa fija, pero nosotros no estábamos incluidos en las fórmulas matemáticas de Heisenberg o Schródinger. Ellos se dieron cuenta de que, en cierto sentido, nosotros somos la clave, pero no sabían cómo incluirnos.
En lo tocante a la ciencia, seguíamos siendo observadores externos.
Todas estas hebras sueltas de la física cuántica nunca llegaron a atarse en una teoría coherente, y la física cuántica quedó reducida a una herramienta tecnológica extraordinariamente importante, vital para fabricar bombas e ingenios electrónicos modernos. Las implicaciones filosóficas se olvidaron, y sólo quedaron sus ventajas prácticas. El grueso de los físicos modernos estaba dispuesto a aceptar la curiosa naturaleza del mundo cuántico tal como había sido expuesta porque sus bases matemáticas funcionan a la perfección, pero se negaban a reconocer los aspectos intuitivos asociados.
¿Cómo podían los electrones estar en contacto con todas las cosas simultáneamente?
¿Cómo era posible que un electrón no fuera algo fijo y definido hasta ser examinado o medido?
En definitiva, ¿cómo podían las cosas del mundo ser algo concreto si eran una quimera en cuanto empezabas a mirarlas más de cerca?
Su respuesta fue afirmar que había una verdad para las cosas pequeñas y otra verdad para las grandes, una verdad para las cosas vivas y otras para las inertes, y que se debían aceptar estas aparentes contradicciones tal como se aceptan los axiomas básicos de las leyes de Newton. Así son las reglas del mundo y se deben aceptar sin cuestionamiento. Las matemáticas funcionan, y eso es todo lo que cuenta.
Un pequeño grupo de científicos de todos los confines del globo se sentían insatisfechos limitándose a recitar de memoria los axiomas de la física cuántica. Pedían una respuesta mejor a muchas de las grandes preguntas que habían quedado sin respuesta. Retomaron sus investigaciones y experimentos desde el punto al que habían llegado los pioneros dela física cuántica, y empezaron a cavar más hondo.
Algunos de ellos volvieron a interesarse por unas pocas ecuaciones que siempre habían sido sustraídas de la física cuántica. Estas ecuaciones representaban el Campo Punto Cero: un océano de vibraciones microscópicas en el espacio existente entre las cosas.


Y se dieron cuenta de que, si se incluía el Campo Punto Cero en nuestra concepción de la naturaleza fundamental de la materia, los cimientos mismos de nuestro universo eran un mar pulsante de energía: un vasto campo cuántico.
Si esto era cierto, todo estaba conectado con todo lo demás en una trama invisible.
También descubrieron que estamos hechos del mismo material básico. A nuestro nivel más fundamental, los seres vivos, incluyendo los humanos, somos paquetes de energía cuántica intercambiando información constantemente con este inextinguible mar de energía. Las cosas vivas emitimos una radiación débil, y éste es el aspecto más crucial de los procesos biológicos. La información respecto a todos los aspectos de la vida, desde la comunicación celular hasta la gran variedad de controles del ADN, se transfiere por medio de un intercambio de información a nivel cuántico. Incluso nuestras mentes, eso otro aparentemente tan alejado de las leyes de la materia, opera siguiendo procesos cuánticos. Pensar, sentir todas las funciones cognitivas superiores­ tienen que ver con información cuántica pulsando simultáneamente a través de nuestro cuerpo y nuestros cerebros. La percepción humana se produce por interacciones entre las partículas subatómicas de nuestros cerebros y el mar de energía cuántica. Literalmente resonamos con nuestro mundo.
Sus descubrimientos eran extraordinarios y heréticos. De un solo golpe cuestionaron muchas de las leyes más básicas de la biología y de la física. Lo que podrían haber encontrado era nada menos que la clave de todo el procesamiento e intercambio de información que se produce en nuestro mundo; desde la comunicación entre células hasta la percepción del mundo en general. Habían dado respuestas a algunas de las preguntas más profundas de la biología respecto a la morfología humana y a la conciencia de los seres vivos. Allí, en el denominado espacio «muerto», residía la clave de la vida misma.
Y lo que es más fundamental, nos proporcionaron pruebas de que todos nosotros estamos conectados unos con otros y con el mundo desde el fundamento mismo de nuestro ser. Por medio de experimentos científicos demostraron que puede haber una fuerza de vida fluyendo por el universo, algo que ha sido definido con diversos nombres, como conciencia colectiva o Espíritu Santo, que es como los teólogos la denominan. Ofrecieron una explicación plausible de muchas áreas en las que el ser humano ha tenido fe durante siglos ­aunque nunca ha contado con pruebas sólidas o descripciones adecuadas ­ desde la efectividad de la medicina alternativa y la oración hasta la vida después de la muerte. Nos ofrecían, por así decirlo, una ciencia de la religión.
A diferencia de la visión del mundo propuesta por Newton o Darwin, la suya es una visión que potencia la vida. Éstas son ideas que pueden fortalecernos, ideas que implican control y orden. No somos simples accidentes de la naturaleza. Hay propósito y unidad con relación a nuestro mundo y a nuestro lugar en él, y nosotros tenemos algo importante que decir. Lo que hacemos y pensamos importa: de hecho, nuestra participación es crucial en la creación de nuestro mundo.
Los seres humanos no estamos separados unos de otros.
Ya no cabe separación entre «nosotros y ellos». Ya no estamos en la periferia del universo mirando desde fuera. Podemos asumir nuestro justo lugar, volvemos a estar en el centro del mundo.
Estas ideas han sido motivo de deslealtades. En muchos casos estos científicos han tenido que librar una batalla en la retaguardia contra un mundo convencional que les es hostil. Sus experimentos atacan una serie de principios considerados sagrados que forman el núcleo mismo de la ciencia moderna. No encajan con la visión prevaleciente del mundo: el mundo como una máquina.
Reconocer estas nuevas ideas exigiría borrar buena parte de las creencias de la ciencia moderna y, en cierto sentido,volver a empezar desde cero. La vieja guardia no está dispuesta a ello. Como las nuevas ideas no encajan en su visión del mundo, deben de estar equivocadas.
Sin embargo, ya es demasiado tarde. La revolución es imparable. Los científicos mencionados son tan sólo algunos de los pioneros, unos pocos representantes de un gran movimiento.
Detrás de ellos hay muchos otros, cuestionando, experimentando, modificando sus visiones, involucrados en el trabajo en el que participan todos los verdaderos exploradores. En lugar de descartar esta información porque no encaja en la visión científica del mundo, la ciencia ortodoxa tendrá que empezar a adaptar su visión del mundo. Ya es tiempo de relegar a Newton y Descartes al lugar que les corresponde, al de profetas de una visión histórica que ahora ha sido sobrepasada.
La ciencia sólo puede ser un proceso de comprender nuestro mundo y de comprendernos a nosotros mismos, y no un conjunto fijo de reglas eternas. Con la llegada de lo nuevo, a menudo es necesario descartar lo viejo.
Ésta es la historia de esta revolución en ciernes. Como muchas revoluciones, empezó con pequeños brotes de rebelión que han ido acumulando fuerza e impulso individual ­una innovación en un área, un descubrimiento en otra­ más que ser un gran movimiento unificado de reforma. Aquí hablamos de hombres y mujeres que trabajan en laboratorios y, aunque son conscientes de la labor de los demás, a menudo les disgusta aventurarse más allá de la experimentación para examinar todas las implicaciones de sus descubrimientos, y no siempre disponen del tiempo necesario para comparar sus resulta dos con los de otros estudios científicos que van saliendo a la luz. Cada científico ha emprendido un viaje de descubrimiento, y cada uno de ellos ha descubierto una parcela de tierra, pero nadie ha tenido el atrevimiento de declararla un continente.
Éste representa uno de los primeros intentos de sintetizar estas investigaciones separadas en una totalidad coherente. Entre tanto, también proporciona validación científica a algunas áreas que durante mucho tiempo han sido dominio de las religiones, del misticismo, de la medicina alternativa o de la especulación de la Nueva Era.
Estos textos están dirigidos a hacer comprensibles nociones muy complicadas, a menudo teniendo que echar mano de metáforas que sólo representan una cruda aproximación a la verdad. A veces, las ideas radicalmente nuevas que se exponen exigirán paciencia, y no puedo garantizar que los textos serán fáciles de leer. Acostumbrados a pensar que todas las cosas del mundo están separadas, hay una serie de nociones que resultarán muy difíciles.
Sin embargo, es necesario que comencemos a avanzar por sobre la fragmentación anterior para comprender de qué forma SOMOS UNO.

*(Material resumido de los escritos de Lynne McTaggart)
**(Las partes resaltadas y en negritas no se encuentran resaltadas en el material original, son apreciaciones personales)


lunes, 5 de junio de 2017

EL VACÍO -Otro síntoma de la ascensión espiritual - Ana María Frallicciardi


 Comparto con ustedes este excelente artículo 


Nada de lo que reciban sea tomado como verdad absoluta...DISCIERNAN...
compartir un tema no significa que lo avalemos, ni lo demos por cierto.
Tomen lo que interiormente sientan verdadero o posible y dejen de lado lo demás!♥

Muchas crisis has atravesado en los últimos meses. Frases muy parecidas se escuchaban: El tiempo no rinde - No puedo hacer todo- Estoy estresado, no llego - No puedo concentrar mi mente - Me distraigo con las redes porque mi cabeza no da para otra cosa, sólo ver pasar imágenes y noticias tontas.
No pierdas tiempo ¿Qué tiempo, el tiempo humano o el tiempo cósmico?
¿Qué le pasa a tu cabeza? No puedes unir ideas, todo se dispersa - No avanzas, los proyectos sin concluir - No puedes estudiar para los exámenes - Bloqueo mental, ya no te interesa este conocimiento ¿para qué sirve?
EL VACÍO
Últimamente comenzó a surgir una sensación de vacío interior, de no estar motivado por nada, sentir la nada misma en la vida.
Desde la visión de los seres que buscan una vida con sentido, esto se volvió insostenible. Encontrar sentido en el día a día, tener que ir a trabajar en una rutina espantosa, percibir que la persona que se eligió para compartir la vida también va perdiendo sentido. Darse cuenta que todo lo que se construyó se puede desintegrar en un instante.
Estos procesos son parte del despertar espiritual. Es estar atravesando la Matrix, salir de todos los condicionamientos sociales e históricos, romper los paradigmas, renunciar a un mundo impuesto desde afuera y empezar a sentir desde adentro: la verdad de tu espíritu se revela desde el vacío interior.
Tu espíritu ha comenzado a hacerse escuchar en tu vida, la primera señal es el silencio de toda vieja información, luego viene el vacío, si no hay vacío y silencio no puedes escuchar a tu espíritu.
Ya hemos hablado de la sobresaturación de tanta información, hay mucho ruido y nos desconectan de nuestro ser verdadero, no hay más espacio “en la memoria del chip” hay que vaciar el cerebro, borrar tanta información falsa y atravesar el vacío de la mente para llegar a la presencia de nuestra verdadera luz interior.
Sólo una conciencia que se sabe en camino de evolución puede sostener este sentimiento de la nada misma y comenzar a buscar desde adentro hacia afuera. Toda la información está grabada en tu centro corazón, el vacío y el silencio son las llaves para acceder a esa información codificada en tu ADN.
El CAMBIO
Cómo generar cambios significativos en pocas palabras. Que impacto energético hay que hacer para que los humanos rompan el automatismo repetitivo de lo cotidiano que no satisface. Algunos le dicen salir de la Matrix. Pero sabemos que no es tan fácil, somos realistas. La mayoría “no tiene tiempo” de pensar cómo salir de la rueda sinfín.
El planeta ha ascendido de vibración muy aceleradamente
 (resonancia Schuman https://www.youtube.com/watch?v=DsVp8klHnz8 ).


Nuestro cerebro se sincroniza con esta resonancia, es por ello que los viejos parámetros caducaron. El problema no está en el tiempo sino en el desfasaje que hay entre nuestra mente y el tiempo cósmico que estamos viviendo. Vivir en el presente y desde el corazón es uno de los caminos de salida.
La ascensión espiritual no es una escalera mecánica que nos lleva directo hacia el quinto piso donde se supone que todo está resuelto. Ahí está la gran crisis y el desfasaje que se experimenta en la mente humana. Tampoco podemos dejar todas las cosas de la vida cotidiana, porque somos espíritu haciendo la experiencia humana, hay que ir resolviendo de a poco, cerrando ciclos y avanzando, saber cuáles son la prioridades del espíritu y cuáles son las prioridades de nuestro yo humano.
El caos siempre precede al nacimiento.
El tiempo lineal se ha roto, sólo se puede estar en el ahora.
Ese tiempo mental de posponer lo que no se hizo hoy ya no existe.
Las demandas de tu ser en evolución piden que prestes atención al tiempo que dedicas en tu armonización interna para poder sostener los cambios vibracionales que vienen desde afuera.
La nueva tierra no se construirá con pensamientos lindos. Hay que aprender a usar la tecnología espiritual de 5° dimensión: pensamiento cuántico, intención enfocada y acción coherente.
Co creamos la Nueva Tierra desde nuestro Corazón Iluminado
Ana María Frallicciardi
www.aguilaazul.com.ar
Desde Capilla del Monte
Córdoba, Argentina

Publicado en la red RÍO ABIERTO por Tahíta

jueves, 1 de junio de 2017

del libro COMIENZA DONDE ESTÁS, de Pema Chodron

Tipeado  por Tahíta

NO HAY ESCAPE, NO HAY PROBLEMA - Pema Chodron




Ya tenemos todo lo que precisamos. No necesitamos mejorarnos. Todas éstas fantasías que nos imponemos nosotros mismos: el temor constante de ser malos y la esperanza de ser buenos, las identidades a las que tanto nos aferramos, la furia, los celos y las adicciones de todo tipo…nunca tocan nuestra riqueza básica. Son como nubes que ocultan temporalmente el sol. Pero nuestra calidez y nuestro brillo están aquí mismo en todo momento. Esto es lo que realmente somos. Estamos a la distancia del guiño de un ojo de estar plenamente despiertos.

Esta manera de vernos a nosotros mismos es muy diferente de aquella a la que estamos acostumbrados. Desde ésta perspectiva, no tenemos que cambiar: puedes sentirte tan desdichado como quieras y aún así, sigues siendo un buen candidato a la iluminación. Puedes sentir que eres el caso más desesperado del mundo, pero ese sentimiento es tu riqueza, no algo de lo que tengas que deshacerte ni que tengas que mejorar. Hay riqueza en todo ese material maloliente que tanto nos disgusta y tan poco deseamos. Las cosas deliciosas- lo que tanto amamos de nosotros mismos, los lugares por los que sentimos una sensación de orgullo o inspiración-, también son nuestra riqueza.

Con las prácticas que te presentaré, puedes comenzar exactamente dónde estás. Si te sientes enfadado, empobrecido o deprimido, las prácticas que describiré están diseñadas para ti porque te animarán a usar todas las cosas no deseadas de tu vida como medios para despertar la compasión por ti mismo y por los demás. Éstas prácticas nos enseñan a ceptarnos a nosotros mismos, a relacionarnos directamente con el sufrimiento, a dejar de huir de los aspectos dolorosos de nuestras vidas. Nos enseñan a trabajar abiertamente con la vida tal como es.

Cuando oímos hablar de la compasión, naturalmente lo asociamos con trabajar para los demás, con cuidar de los demás. La razón por la que no solemos estar ahí para los demás- bien para nuestros hijos, para nuestra madre o para alguien que nos insulta o nos atemoriza-, es que no estamos ahí para nosotros mismos.Hay partes enteras de nosotros mismos tan indeseadas que, cuando empiezan a aparecer, salimos corriendo.

Como escapamos, dejamos de estar aquí mismo, de estar en el punto. Seguimos perdiéndonos el momento en el que estamos. Sin embargo, si podemos experimentar el momento en el que estamos, descubrimos que es único, precioso, completamente fresco. Nunca ocurre dos veces. Uno puede apreciar y celebrar cada momento, no hay nada más sagrado. No hay nada más vasto y absoluto. De hecho, ¡ no hay nada más!

Solo en la medida que hemos llegado a conocer nustro dolor personal, solo en la medida en la que nos hemos relacionado con el dolor,  somos lo suficientemente intrépidos, lo suficientemente valientes y lo suficientemente guerreros, como para estar dispuestos a sentir el dolor de los demás. En esa misma medida estaremos dispuestos a asumir el dolor de los demás, porque habremos descubierto que su dolor y el nuestro no son diferentes.

Para hacer esto necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. Tengo la esperanza de que éstos escritos te ofrezcan esa ayuda. Las herramientas son tres prácticas que te darán mucho apoyo:

1-La meditación sedente básica (llamada meditación shamatha-vipashyana)

2-La práctica de dar y recibir- (llamada tonglen)

3- El trabajo con los siete puntos del entrenamiento mental, o lojong-

Todas éstas prácticas despiertan nuestra confianza en que la sabiduría y la compasión que necesitamos ya están en nosotros. Nos ayudan a conocernos: nuestras partes duras y nuestras partes blandas, nuestra pasión, agresión, ignorancia y sabiduría.  La razón por la que las personas se dañan unas a otras, la razón por la que el planeta está contaminado y por la que a la gente y a los animales no les va muy bien últimamente, es que los individuos no se conocen, no confían ni se aman suficientemente a sí mismos. La técnica de la meditación sedente, llamada shamatha – vipashyana (“tranquilidad, comprensión”), es como una llave dorada que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.



MEDITACIÓN  SHAMATHA –VIPASHYANA

En la meditación shamatha-vipashyana, nos sentamos erguidos, con las piernas cruzadas (si podemos) y los ojos abiertos, y las manos descansando sobre los muslos.

Entonces simplemente tomamos consciencia de la respiración a medida que sale. Hace falta cierta precisión para estar allí mismo con la respiración. Por otra parte ésta técnica es extremadamente relajada y suave. Decir “Estáte allí mismo con la respiración medida que va saliendo”, es lo mismo que decir “Estate plenamente presente”. Estate aquí mismo con lo que está pasando. Siendo conscientes de la respiración a medida que sale, también podemos ser conscientes de otras cosas que pasan: los sonidos de la calle, la luz sobre las paredes. Éstas cosas pueden captar nuestra atención ligeramente, pero no es necesario que nos despisten. Podemos seguir sentados aquí, conscientes del salir de la respiración.

Pero estar con la respiración es solo una parte de la técnica. La otra parte son los pensamientos que recorren continuamente nuestra mente. Nos sentamos aquí hablándonos a nosotros mismos. La instrucción es que cuando nos demos cuenta de que hemos estado pensando, lo etiquetemos así:”Pensando”. Cuando notas que tu mente deambula por ahí, te dices a ti mismo: “Pensando”. Tanto si tus pensamientos son violentos y  pasionales como si están llenos de ignorancia y negación, tanto si son preocupantes o temerosos, como si son pensamientos espirituales o pensamientos agradables sobre lo bien que te va, pensamientos reconfortantes, pensamientos elevados, sean lo que sean,  simplemente etiquétalos a todos, sin juicio ni dureza, como “pensamientos”; hazlo con honestidad y delicadeza.

El toque de la respiración es ligero, tan solo como un 25% de la atención está en la respiración. No te aferres a ella ni trates de fijarla. Te estás abriendo, dejando que la respiración se mezcle con el espacio de la habitación, dejando que el aliento salga al espacio. Entonces se produce algo así como una pausa, una apertura hasta que sale la respiración siguiente. Mientras inspiras, podría haber una sensación de algo se are y espera. Es como pulsar el timbre de la puerta y esperar que alguien responda. Después vuelves a apretar el timbre y esperas que alguien responda. Después probablemente tu mente se vaya a deambular por ahí y vuelves a darte cuenta de que estás pensando; en éste punto es cuando usas la técnica de etiquetar.

Es importante ser fiel a la técnica. Si descubres que tu etiquetar adquiere un tono duro y negativo, como si estuvieras diciendo.”¡Maldita Sea!”, entonces está haciendo que lo pases mal; repítelo una vez más y aligérate. No se trata de abatir los pensamientos. Más bien sé delicado. Usa la técnica de etiquetar como una oportunidad de desarrollar la suavidad y la compasión hacia ti mismo. Cualquier cosa que surja en el ámbito de la meditación, está bien. La cuestión es poder verla con honestidad y hacerte amigo de ella.

Aunque es vergonzante y doloroso, es muy curativo dejar de ocultarte de ti mismo. Es sanador conocer todas las maneras en las que te muestras esquivo, todas las maneras en las que te escondes, todas las maneras en las que te cierras, te niegas, criticas a los demás, todas tus curiosas y extrañas maneras. Puedes conocerlas haciendo uso del sentido del humor y de la bondad. Al conocerte a ti mismo, llegas a conocer a la humanidad en su conjunto. Todos afrontamos éste tipo de cosas. Todos estamos juntos en esto. De modo que cuando te des cuenta de que te estás hablando a ti mismo, etiquétalo como “pensando” y nota tu tono de voz. Deja que éste sea compasivo, delicado y divertido. Entonces estarás cuestionando los viejos patrones repetitivos que compartes con la raza humana. La compasión hacia los demás comienza con la bondad hacia nosotros mismos.

 (Continuaremos con las otras 2 Prácticas)

Copiado del libro “Comienza donde Estés”, de Poma Chodron-

lunes, 27 de marzo de 2017

¿POR QUÉ EL SILENCIO ES TAN IMPORTANTE PARA NUESTRO CEREBRO?


El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma.                        

Florence Nightingale, una mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó: “El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno.

El silencio contribuye a regenerar el cerebro.

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal.

En este sentido, un grupo de investigadores alemanes del Research Center for Regenerative Therapies Dresden han descubierto que el silencio tiene un impacto enorme en el cerebro. Estos científicos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.

Además, constataron que esas nuevas células eran capaces de diferenciarse e integrarse en el sistema nervioso central para cumplir diferentes funciones. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información.

Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes.

Básicamente, esa red funciona reclutando una serie de regiones del cerebro, que son las encargadas de seguir trabajando por debajo del nivel de la conciencia. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.

El silencio es el mejor antídoto contra el estrés.

Las ondas del sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído, los cuales transmiten el movimiento a la cóclea, donde esas vibraciones se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El problema radica en que nuestro cuerpo está programado para reaccionar de manera inmediata ante esas señales, incluso en medio de un sueño profundo. Por eso, el ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés.

Por eso, no es extraño que un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell haya descubierto que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol.

Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que:

Tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.

Por tanto, ahora ya lo sabes, disfruta del silencio. Tu cerebro, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

-Jennifer Delgado-

domingo, 5 de marzo de 2017

Deja de creer... Ríndete



"Si quieres ver la verdad claramente, nunca te muestres a favor ni en contra. La lucha entre "a favor" y "en contra" es la peor enfermedad de la mente".

BRUCE LEE.


"No hay nada malo ni bueno en sí mismo, es nuestro pensamiento quien lo transforma".

HAMLET.


"La esclavitud comienza en la mente y consiste en elegir creer que no tienes ninguna opción. La elección es el botón de encendido y apagado de nuestro poder. Cada segundo de nuestra vida es realmente sólo una elección para vivir de una u otra manera. No hay ninguna verdad definitiva. Elegimos la realidad momento a momento, basándonos en una creencia o en otra, y también podemos elegir o des-elegir".

ANDREA BALT



Nunca nos ponemos en contacto con la realidad, sino que percibimos todo a través de un filtro mental, que construimos según nuestras experiencias de vida, positivas o negativas, las enseñanzas de nuestros padres o el aprendizaje al que estamos sometidos. Una niebla espesa oculta toda posibilidad de acercarnos a esa realidad, ya que nuestra forma indiscriminada de acumular acontecimientos pasados, traumas y temores distorsiona la percepción, lo que hace que no sepamos donde se encuentra la verdad o que ésta parezca siempre muy lejos de nosotros. Por eso, igualmente, cada uno crea su realidad diferente de la del resto. Todo lo que creemos ser y lo que nos rodea tiene que ver con nuestros filtros mentales.

Nuestro cerebro filtra la información que recibimos a través de nuestros sentidos, pero ¿qué descarta y qué es importante para él? En la base de nuestro cerebro hay una red de conducción nerviosa que hace de filtro para todos los mensajes que nos llegan del exterior. Es el SAR. El SAR (sistema de activación reticular) opera 800 veces más rápido que la mente consciente y es quien se encarga de traer a nuestra vida las cosas que están en sintonía con lo que creemos. Eso que nos llega no es ni deja de ser real, está filtrado, pero hace que aparezcan circunstancias que desde nuestra mente consciente serían impensables, cosas que nos hacen creer que la vida es así, que no tenemos o tenemos suerte o que estamos en manos del destino.

Esta es la razón por la que, igualmente, juzgamos las cosas antes de experimentarlas, se nos repiten los procesos, siempre caemos con personas que se parecen, una misma cosa nos ocurre una y otra vez, nos bloqueamos, nos resistimos, postergamos, opinamos sin criterio, los negocios nos fallan, no emprendemos, fallamos siempre en lo mismo o nos consideramos, torpes, desatinados, inmaduros, e incapaces de salir de nuestro rincón seguro,aunque ese rincón sea insoportable. En definitiva, esto es lo que hace que siempre creamos estar en la verdad o tengamos tanto miedo a la vida.

¿Si todo pasa por el tamiz de nuestra mente, cómo sabemos entonces lo que es real y lo que no? Ni nos lo planteamos. Para casi todos, lo que creemos es real. Actuamos y reaccionamos según filtros mentales que están configurados por nuestras creencias, ideales, valores, experiencias, vivencias, antecedentes familiares, cultura, estados emocionales, hábitos de pensamiento, esquemas mentales, ideas preconcebidas, expectativas, ... La suma y resultado de todo esto se ocupa de “transformar” la realidad en “nuestra realidad” y nos hace creer que siempre tenemos razón. Las cosas son como son, porque así han sido siempre y así lo creo yo ¿Yo? Y… ¿Son?

Todos tenemos una imagen distorsionada de la realidad, porque toda realidad está teñida de pensamientos y creencias, que tienen que ver con toda esa gama de cosas que hemos acumulado en nuestras vidas. Todos, sin excepción, vemos las cosas, no como son, sino como nosotros somos. ¿Cómo son las cosas entonces? Son, esto es lo único que podemos tener claro. Todo es creado a partir de sistemas de creencias inconscientemente elegidos e incontrolados.

Al experimentar la vida, consciente o inconscientemente, a través de nuestro paradigma, lo mantenemos y lo reforzamos. A cada instante la mente se fortalece porque le damos la razón. Las creencias hacen que percibamos el mundo tal como nuestro sistema lo define. No hay percepción objetiva y lo que es aún peor, nos pasa desapercibido si ese filtro, por el que la realidad se pone en contacto con nosotros, tiene un contenido válido o si nos limita y nos quita poder.

Las diferencias entre nosotros son infinitas, los filtros tienen coincidencias, pero son distintos, nos ajustamos al paradigma que se nos transmite por herencia, pero, además, pensamos como pensamos y nuestros pensamientos tienen un importante papel mediador entre nosotros y la realidad. Así, el diálogo interno que creamos ante cada situación y los pensamientos recurrentes tienen una importante repercusión en nuestro estado emocional. Podríamos decir que todos tenemos y no tenemos razón. La interpretación de las cosas depende de los puntos de vista y de la inmutabilidad de esos puntos de vista.

Tener puntos de vista es normal, pero que sean inmutables nos hace esclavos de nuestro propio pensamiento y nos invita a entrar en una condición estática, en la que cualquier proceso se bloquea. Ver como los demás caminan encerrados en sus puntos de vista parece fácil, pero vernos a nosotros en la misma situación nos cuesta, no reconocemos el espejo, lo que no nos permite darnos cuenta de hasta dónde somos prisioneros de lo que creemos y pensamos. Estancarnos así, hace que permanezcamos en una zona de confort, a veces muy poco confortable, pero que nos da seguridad.

Pero el ser humano no es eso que parece. Necesitamos estar en constante movimiento, abiertos al cambio. La evolución es apertura, es crecimiento, es ver lo que nos limita y ser flexibles, para utilizar los puntos de vista que sean válidos en cada situación y para, de esa forma, experimentar la vida con libertad y plenitud. Hemos aprendido a tener creencias, a tener puntos de vista y hemos aprendido a vivir con ellas o a no vivir. Nuestra conciencia se ha identificado por completo con nuestro sistema mental, pero no somos lo que creemos y tampoco somos lo que pensamos.

Nuestro férreo paradigma nos hace ver la vida de la forma en que hemos aprendido. Salir de esos sistemas es duro, porque así lo hemos aprendido en la infancia y porque vivimos en un entorno que comparte ese mismo sistema de creencias. Al final, aunque éste nos esclavice, la esclavitud compartida parece menos esclava. Además, nos conformamos y lo asumimos. Es lo que conocemos. Sin embargo, la práctica habitual del sistema lo refuerza y nos perpetúa en una rueda en la que las cosas y las circunstancias se repiten, aunque no nos gusten. Las creencias han servido para sobrevivir y a la mente reptiliana eso le parece perfecto, porque lo importante es la continuidad de la vida. Da igual cómo, da lo mismo si nunca elegimos conscientemente, para ella es indiferente la felicidad o infelicidad que estos sistemas nos propicien. Lo importante es que estamos vivos. Ese es el éxito.

De esta forma la mente lucha por mantenerse aferrada a estos paradigmas exitosos, atada a nuestro pasado, atada a una historia que no existe en otro lugar que en la propia mente, que disfruta con el estatismo y la seguridad antes que cambiar de perspectiva. Tiene tanto miedo que prefiere mantenerse donde está, pero nada nuevo se habría descubierto, de no ser porque algunas personas decidieron hacer frente a las resistencias de su propia mente y a las de su entorno social, nada nuevo habría sido posible sin esos profundos cambios de perspectiva. De otro modo la tierra seguiría siendo el centro del universo o plana…y tantas otras cosas.

Somos y seremos esclavos mientras nuestro cerebro nos dirija, mientras seamos incapaces de sentir sin juicio, mientras crear nuestra realidad se nos haga imposible. Abrirnos a la posibilidad de un cambio en nosotros y en lo que creemos nos asegura crecimiento. Ablandar la mente pequeña, abre la puerta a la mente superior y eso nos trae armonía y toda la dicha de experimentar el momento presente. Sólo a la mente reptiliana le interesa el pasado o cubrir expectativas futuras. El ser humano que usa su mente superior sabe que no existe nada que no esté en este instante mismo en el que estamos vivos. Sólo en el instante presente es posible celebrar la vida y vivir en plenitud.

Nuestra actitud define todo lo que nos sucede. La realidad está formada por nuestros pensamientos y los comunes con la mayoría. Nuestro destino, el de todos, está definido por ese núcleo de pensamientos comunes que tiene detrás todas las creencias. La mente se configura como un sistema inmutable en la que los cambios no se plantean y son poco aceptados por la mayoría, aprendemos por imitación, aprendemos sin comprender lo aprendido, sin cuestionar, sin dudar de lo que se nos enseña.

Sin embargo, el cambio es posible. Si aprendemos por repetición, si este sistema del que hablamos se fortalece con el uso, también se debilita a fuerza de promover un cambio continuo y constante. "El ser humano se hace libre cuando aprende a utilizar su sistema mental en lugar de ser manejado por él". El ser humano cambia cuando deja de creer en todo lo que le es externo, cuando acepta que se equivoca, que comete errores, que es perfecto en su imperfección, cuando se ama y ama todo lo que le rodea. El ser humano cambia cuando deja la alerta constante, cuando no siente la vida como un peligro, cuando fluye sin miedo. El ser humano cambia cuando acepta y se rinde al momento presente.

"Nunca entendiste la vida porque así se suponía que debía de ser. Estabas destinado a vivir, a vivir sus muchas paradojas…

Cuanto más das sin ninguna expectativa, más recibes a cambio. Cuanto menos te preocupas, cuanto más sueltas los resultados, más cuidas y amas el viaje. Cuanto más puedas ser tú mismo, menos necesidad tienes de aferrarte a un yo.

Cuanto más espacio les ofrezcas a los pensamientos, menos serás controlado por ellos, y cuanto más profundamente lo hagas, mejor comprenderás que no eres el pensador.

El amor no es lo que consigues, es lo que eres. La iluminación no es un destino, es la luz que ilumina el camino. A veces un ‘no’ es un SÍ masivo a la vida. A veces tienes que fallar, y caer, para sentir que has tenido éxito al ponerte de pie. Eso que tanto anhelas, es lo único que no puede ser encontrado, porque ya está aquí, en el corazón de ese mismo anhelo.

Cuanto más conoces la muerte, más conoces la vida. Cuanto más huyes de la muerte, menos vivo te sientes. Tienes que volverte como un niño para entrar en el Reino. Cualquier cosa en la que creas puedes dudar de ella, y sólo la duda es completamente indudable. En lo Desconocido reside la clase más profunda de Conocer. E incluso tu confusión es vista con absoluta claridad, a través de los ojos del amor incondicional".

Jeff Foster




FUENTES:

El poder de elegir. Annie Marquier. Ediciones Luciérnaga, 2006.

La voz de tu alma. Laín García calvo. Edición propia, 2013.

martes, 21 de febrero de 2017

La importancia de adelgazar el ego para alimentar el alma



En el territorio del ego solo crece la soberbia, la mirada que entiende el mundo partiendo de su propio ombligo y que siembra de infelicidad cualquier entorno en el que habita. Todos conocemos a alguien moldeado con este patrón, son mentes que restan en armonía, que ahogan la calma y que deberían empezar a poner a dieta su egos para que a sus egos también les quedase algo de comida.

Si damos un pequeño vistazo al panorama actual y al escenario sociopolítico que nos envuelve, nos daremos cuenta de que, efectivamente, el reino del ego está en auge. Son muchos los países y líderes que están empezando a practicar ese autoproteccionismo y esa autodefensa del yo, donde delimitar lo tuyo y lo mío, donde dejar a un lado al extranjero para proteger la propia identidad.

“El ego es una máscara artificial creado por la familia, la sociedad y la cultura. Es una máscara sobre otra máscara”
-Alejandro Jodorowsky-

A muchos se les olvida, quizá, que los egos obesos y la voz de la soberbia se obsesionan con marcar distancias, trayendo así la desigualdad, los odios, la discriminación y la propia infelicidad. No obstante, no solo somos testigos de este tipo de dinámica a nivel político. Según un artículo publicado en la revista “Psychology Today“, en los entornos laborales apuntan cada vez más esos directivos o jefes que, lejos de aplicar la Inteligencia Emocional en sus organizaciones, se dejan llevar por el ego en una necesidad última por ejercer el poder y el control.

Los trabajadores que tienen como directivos a una persona con este tipo de perfi, los definen como “niños pequeños con demasiado poder”. Lo más relevante de todo ello es que las acciones egoístas desplegadas en todo territorio, ya sea a nivel familiar, empresarial o social, no obtienen beneficio alguno. Se desperdicia el potencial humano porque queda supeditado al reino del miedo, al imperio del desprecio y a esa falta de ética, empatía y cercanía donde poco o nada bueno crece.

Te proponemos reflexionar sobre ello.

Egos fuertes y egos grandes

Empezaremos aclarando algo esencial. La palabra “ego” viene del latín y significa simplemente, “yo”. Para la filosofía oriental ego se refiere a la autoconciencia, al autorreconocimiento y a esa entidad que debe diferenciarse de las conductas insalubres como la egolatría o el egoísmo.

Por otro lado, Freud también identificó a ese nivel de nuestro aparato psíquico como esa parte intermedia donde la persona se debate entre el impulso instintivo y la presión de las normas sociales. El objetivo final sería desarrollar un ego saludable que nos permita armonizar en el día a día de nuestras relaciones y la propia sociedad.

Con todo ello podemos deducir sin duda que hay dos tipos de ego. Por una parte, estaría nuestra necesidad de desarrollar un “yo” (ego) fuerte donde quede consolidada nuestra autoestima, donde exista una conciencia plena de uno mismo con sus valores, su nobleza y esa identidad que nos define pero que a su vez, es sensible y cercana al resto de identidades que nos rodean. Por otro lado, y en el polo opuesto, estarían los egos grandes.


Veamos sus características con detalle.

Los egos grandes y sus universos personales


Un ego grande es un “yo” desmesurado y poco realista que no se ha enriquecido de manera paralela al interior de la persona. Sus vacíos, sus limitaciones personales y su falta de autoestima lo abocan a buscar un reconocimiento exterior donde sentirse reforzado.
El ego grande tiene como propósito “recolectar” energías ajenas para ejercer el control. Para ello, no duda en humillar o en despreciar.
Al ego grande le encanta ser el centro de atención e identificarse con todo aquello que logre diferenciarle del resto: un título, un logro, una marca, una bandera…
El ego grande es capaz de vestirse con la armadura de la bondad para exaltarse como persona y así, captar adeptos.
A su vez, existen diversos tipos de “egos grandes”, está el sabelotodo, el sofisticado, el que busca prestigio, el insaciable y que siempre busca emociones y experiencias nuevas para luego enorgullecerse de ellas.


Los 7 pasos para adelgazar el ego

A lo largo de la historia no han faltado los estudios tanto psicológicos como filosóficos que ahondado en el tema del “ego” y en su relación con el mal. Es un tema complejo donde no hay resultados claros, porque también estaría sin duda el componente biológico, el social y el educacional. Sea como sea, lo que todos tenemos claro es que los egos grandes son el reflejo de mentes anoréxicas que no han sido iniciadas en el universo de la Inteligencia Emocional.



“Si tu ego no te deja tranquilo, mándalo a comprar humildad”

Es pues necesario que todos sembremos esta semilla en las nuevas generaciones, en ayudarlos a construir un ego saludable y empático, en iniciarlos en el arte de alimentar el alma y no el ego. Aquí estarían unas claves básicas sobre las que reflexionar.


Estrategias para vencer el ego

La clave para vencer el ego pasa por ser conscientes de nuestros comportamientos y actitudes cotidianas. Te preguntaras, pero… ¿qué actitudes? Vamos con ellas.

*Libérate de la necesidad de ser superior a los demás.

*No te apegues solo a tus logros y a tus éxitos. Reconoce también los de los demás.

*No te sientas eternamente ofendido por lo que dicen, hacen o piensan quienes te envuelven. Tienen derecho a no ser como tu deseas.

*Libérate de la necesidad de tener más cada día más. Aprecia lo que ya tienes.

*Libérate de la necesidad de ganar. En ocasiones, también se aprende de la pérdida.

*No te obsesiones con tener siempre la razón.

*Tu objetivo en la vida no es tener éxito o fama. Tu objetivo, sencillamente, es ser feliz.


Para concluir, entendamos que la práctica cotidiana del ego lo único que consigue es alzar muros y crear distancias. Empecemos pues alimentar el alma y a practicar esa humildad donde reconocer al otro como parte de uno mismo. Nutramos el corazón de nobleza para crear un mundo más respetuoso y cercano.