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domingo, 25 de junio de 2017

5 razones para Meditar- Pema Chödrön


(Publicado en “Shambhala Sun”, y traducido del inglés por Tahíta)

La mente es muy salvaje. La experiencia humana está llena de imprevisibilidad y paradójicamente, de alegrías y tristezas, éxitos y fracasos. No podemos escapar de ninguna de estas experiencias en el vasto terreno de nuestra existencia. Es parte de lo que hace la vida más vasta y también es la causa de que nuestra mente corra tan locamente. Si podemos entrenarnos a través de la meditación para ser más abiertos y más tolerantes en el abanico de nuestra experiencia, si podemos aceptar las dificultades de la vida y conducir nuestra mente, podemos llegar a ser más estables y relajados en medio de lo que la vida nos trae.

Hay muchas maneras de trabajar con la mente. Una de las más efectivas es a través de la meditación sentados. Ella nos abre a cada momento de nuestra vida. Cada momento es totalmente único y desconocido. Nuestro mundo mental es aparentemente predecible y aprehensible. Creemos que pensar en todos los eventos y las tareas pendientes de nuestra vida nos dará seguridad. Pero es toda una fantasía, y este mismo momento, sin superposición conceptual, es completamente único. Es absolutamente desconocido. Nosotros nunca hemos experimentado este mismo momento antes, y al momento siguiente no será el mismo del que nos encontramos ahora. La meditación nos enseña cómo relacionarnos con la vida directamente, por lo que realmente podemos experimentar en el momento presente, sin superposición conceptual.

No meditamos para estar cómodos. En otras palabras, nosotros no meditamos sentirnos bien todo el tiempo. Me imagino las ondas de choque que pasan a través de ustedes mientras leen esto, porque muchas personas vienen a la meditación simplemente para sentirse mejor. Sin embargo, el propósito de la meditación tampoco es sentirse mal. Más bien, la meditación nos da la oportunidad de lograr una apertura, una atención compasiva ante lo que está pasando. El espacio de la meditación es como el vasto cielo, lo suficientemente amplio como para dar cabida a cualquier cosa que surja.

En la meditación, los pensamientos y las emociones pueden llegar a ser como nubes que llegan y desaparecen. Lo bueno y lo confortable, lo agradable y lo dificultoso o doloroso. Todo esto va y viene. Así que la esencia de la meditación es entrenarse en algo que no es habitual: y eso es quedarnos con nosotros mismos, no importa lo que esté sucediendo, sin poner etiquetas de bueno y malo, correcto e incorrecto, puro e impuro a nuestra experiencia.

Si la meditación fuera simplemente sentirse bien (y creo que todos nosotros en secreto teníamos esa esperanza), a menudo sentiríamos que algo debemos estar haciendo mal. Porque a veces, la meditación puede ser una experiencia difícil.

Una experiencia muy común del meditador, en un día típico o un retiro típico, es de aburrimiento, inquietud, dolor en las rodillas .Hasta mentalmente podríamos sentirnos incómodos. En cambio, la meditación trata de una apertura compasiva y de la capacidad de estar con uno mismo en cualquier situación y experiencia. En la meditación, estamos abiertos a lo que la vida presenta. Es tocar la tierra y volver a estar aquí. Si bien algunos tipos de meditación pretenden lograr estados especiales y de alguna manera trascender o elevarse por encima de las dificultades de la vida, el tipo de meditación en que me he entrenado y de la que estoy hablando aquí es para despertar plenamente a nuestra vida…es acerca de cómo abrir el corazón y la mente a las dificultades y a las alegrías de la vida tal como es. Y los frutos de este tipo de meditación son ilimitados.

Cuando meditamos, estamos nutriendo cinco cualidades que empiezan desarrollarse durante los meses y años de práctica. Puede que le resulte útil conectarte con estas cualidades cuando te preguntas, ¿Por qué estoy meditando?

Firmeza

Lo primero que estamos haciendo cuando meditamos es cultivar y nutrir la firmeza para con nosotros mismos. Hablé con alguien sobre esto una vez, y me preguntó: ¿Es ésta firmeza como un tipo de lealtad? A qué estamos siendo fieles? A través de la meditación, estamos desarrollando lealtad hacia nosotros mismos. Esta constancia que cultivamos en la meditación se traduce inmediatamente en lealtad a uno mismo en las experiencias de vida.

Firmeza significa que cuando te sientas a meditar y te permites experimentar lo que está pasando en ese momento, que podría ser que tu mente vaya a cien kilómetros por hora, que tu cuerpo esté retorciéndose, que golpeen tu cabeza, que tu corazón esté lleno de miedo: lo que surja… te quedas con la experiencia. Eso es todo. A veces te puedes sentar allí durante una hora sin lograr nada. Entonces podrías decir que fue una mal sesión de meditación. “Acabo de tener una sesión de meditación mala”. Pero la voluntad de sentarte allí durante diez minutos, quince minutos, veinte minutos, media hora, una hora, todo el tiempo que estuviste allí: este es un gesto compasivo de la fidelidad o firmeza hacia ti mismo.

Tenemos una tendencia a poner una gran cantidad de etiquetas, opiniones y juicios en la parte superior de lo que está pasando. Lealtad, firmeza a ti mismo, significa soltar esas etiquetas u opiniones. Así que, en cierto modo, parte de la firmeza es que cuando notas que tu mente va a un millón de kilómetros por hora y estás pensando en todo tipo de cosas, hay algo auténtico que simplemente sucede sin ningún esfuerzo: te quedas con tu experiencia, la aceptas. En la meditación, desarrollas esta cualidad de fomentar la lealtad, la constancia y perseverancia hacia ti mismo. Y a medida que aprendemos a hacer esto en la meditación, nos volvemos más capaces de perseverar en todo tipo de situaciones fuera de nuestra meditación, o lo que llamamos postmeditacion.

Visión clara

La segunda cualidad que generamos en la meditación es ver claramente, que es similar a constancia. A veces a esto se le llama clara conciencia. A través de la meditación, desarrollamos la habilidad de “pescarnos” en situaciones en las que nos endurecemos ante las circunstancias y personas, o de alguna manera nos cerramos a la vida.

Empezamos a captar desde el inicio, cadenas de reacciones neuróticas que limitan nuestra capacidad de experimentar alegría o conectarnos con otros. Se podría pensar que estamos sentados en meditación, tan tranquilos y quietos, concentrados en la respiración, que no notamos ni vemos nada. Pero en realidad es todo lo contrario. A través de este desarrollo de la constancia, este aprender a permanecer en meditación, empezamos a cultivar una claridad objetiva de solo ver, sin prejuicios. Los pensamientos vienen, las emociones vienen, y podemos verlos siempre claramente.

En la meditación, te estás moviendo más y más hacia ti mismo, y comienzas a entenderte mucho más claramente. Comienzas a ver claro, sin un análisis conceptual, ya que con la práctica regular, ves lo que estás haciendo, una y otra vez. Pasas la misma película una y otra y otra vez en tu mente. El nombre de la pareja puede ser diferente, el empleador puede ser diferente, pero los temas son un tanto repetitivos.

La meditación nos ayuda a vernos con claridad a nosotros mismos y a los patrones habituales que limitan nuestra vida. Comenzamos a ver nuestras opiniones con claridad…nuestros juicios…nuestros mecanismos de defensa. Profundiza la comprensión de nosotros mismos.

Coraje

La tercera cualidad que cultivamos en la meditación ocurre cuando nos permitimos sentarnos en meditación con nuestra angustia emocional. Creo que es importante establecer esto como una cualidad independiente que se desarrolla en la práctica, porque cuando experimentamos estrés emocional en la meditación (y lo haremos), a menudo nos sentimos como que estamos haciendo algo mal. De modo que la tercera cualidad que se desarrolla es la valentía, el surgimiento gradual de coraje. Creo que la palabra gradual aquí es muy importante, ya que puede ser un proceso lento. Pero con el tiempo, desarrollarás el coraje ante el malestar emocional, así como ante las pruebas y tribulaciones de la vida.

La meditación es un proceso de transformación, en lugar de un cambio mágico de imagen en el que tenazmente intentamos cambiar algo de nosotros mismos. Cuanto más y más abiertamente la practicamos, más valentía desarrollamos en nuestra vida.

En la meditación nunca sentimos que lo logramos.Sentimos que nos relajamos lo suficiente como para experimentar lo que siempre ha estado dentro de nuestro. A veces llamo a este proceso: gracia transformadora. Porque cuando estamos desarrollando este valor, en el que permitimos que toda la gama de las emociones se produzca, podemos ser tocados por un insight (toque de lucidez, iluminación). Esto no llega por tratar de averiguar lo que está mal en nosotros o lo que está mal en el mundo. Estos momentos de discernimiento provienen del hecho de sentarnos en meditación, lo que requiere coraje… un valor que crece con el tiempo.

Por medio de este valor, se nos da la gracia de un cambio en nuestra visión del mundo, aunque sea muy leve. La meditación nos permite ver algo nuevo que nunca hemos visto antes o entender algo nuevo que nunca hemos entendido. A veces llamamos a estos dones: bendiciones de la meditación. Aprendemos cómo apartarnos de nuestro propio camino el tiempo suficiente como para que haya espacio para que nuestra propia sabiduría se manifieste, y esto sucede porque no estamos reprimiendo más esta sabiduría.

Al desarrollar el coraje para experimentar sufrimiento emocional en el nivel más difícil, podemos estar sentados allí con él, en meditación, sintiendo un gran confort interior. Porque en ese momento, cuando no estamos identificados con esa montaña de emociones, comenzamos a tomar contacto con el sentimiento, la energía subyacente tras las emociones. Comenzamos a dejar de lado las palabras, las historias, lo mejor que podemos, y permanecemos sentados allí. Una parte de nosotros quiere seriamente despertar y abrirse.

Experimentar nuestra angustia emocional y cultivar todas estas cualidades de perseverancia, visión clara y valor, realmente sacude nuestros patrones habituales. Por eso la meditación relaja nuestros condicionamientos, afloja la forma en que nos adherimos a ellos, la manera en que perpetuamos nuestro sufrimiento.

Atención

La cuarta cualidad que desarrollamos en la meditación es algo que he estado tocando todo el tiempo, y que es la capacidad de estar despiertos a la vida, a cada momento, tal y como es. Esta es la esencia absoluta de la meditación. Desarrollamos atención a este momento, aprendamos a estar sólo aquí. Y tenemos un montón de resistencia a estar aquí!

Cuando empecé a practicar, pensé que no estaba bien. Me tomó un tiempo darme cuenta de que tenía una gran cantidad de resistencia a estar aquí y ahora.

Sólo estar aquí; la atención sobre este mismo momento no nos proporciona ningún tipo de seguridad o previsibilidad. Pero cuando aprendemos a relajarnos en el momento presente, aprendemos a relajarnos con lo desconocido.

La vida nunca es predecible. Usted puede decir: Oh, me gusta lo impredecible, pero que esto suele ser cierto sólo hasta cierto punto, siempre y cuando la imprevisibilidad sea sobre algo divertido y aventurero. El aceptar el momento presente y lo desconocido, es algo muy poderoso para los que quieran despertar y abrir su corazón y su mente. El momento presente es el fuego generativo de nuestra meditación. Es lo que nos impulsa hacia la transformación. En otras palabras, el momento presente es el combustible para nuestro viaje personal. Si usted pregunta por qué meditamos, yo diría que entre otras cosas, podemos llegar a ser más flexible y tolerantes con el momento presente.

No es Gran Cosa

La quinta y última cualidad respecto a por qué meditamos es lo que yo llamo un gran problema. Que es lo que quiero decir cuando digo que llegamos a ser flexibles al momento presente.
Sí, con la meditación podemos experimentar visión profunda, o la magnífica sensación de gracia o bendición, o el sentimiento de transformación y el valor recién descubierto, pero entonces: no es gran cosa.

Esta fue una de las más grandes enseñanzas de mi maestro, Chögyam Trungpa Rinpoche: no es gran cosa.

Me acuerdo que una vez fui a él con lo que me pareció una experiencia muy fuerte en mi práctica. Yo estaba muy emocionada, y mientras le estaba contando acerca de esta experiencia, él me solo me miraba. Era una especie de mirada indescriptible, una mirada muy abierta. Y cuando le estaba relatando acerca de esto, me tocó la mano y dijo: “ No es gran cosa”. Él no me estaba diciendo que estaba mal, ni bien. Él me estaba diciendo que estas cosas sucedan y pueden transformar nuestra vida, pero al mismo tiempo que no hiciera tanto escándalo por ello, porque eso lleva a la arrogancia y al orgullo, a una sensación de ser especial. Por otro lado, haciendo mucho escándalo acerca de nuestras dificultades, vamos por la dirección opuesta, que nos lleva a la pobreza, la auto-denigración, y a una baja opinión de nosotros mismo.

La meditación nos ayuda a cultivar este sentimiento de “No es nada del otro mundo”, no como una declaración cínica, sino como un estado de humor y flexibilidad.

Lo vemos todo, y esto nos permite amarlo todo.


Pema Chödrön

jueves, 1 de junio de 2017

del libro COMIENZA DONDE ESTÁS, de Pema Chodron

Tipeado  por Tahíta

NO HAY ESCAPE, NO HAY PROBLEMA - Pema Chodron




Ya tenemos todo lo que precisamos. No necesitamos mejorarnos. Todas éstas fantasías que nos imponemos nosotros mismos: el temor constante de ser malos y la esperanza de ser buenos, las identidades a las que tanto nos aferramos, la furia, los celos y las adicciones de todo tipo…nunca tocan nuestra riqueza básica. Son como nubes que ocultan temporalmente el sol. Pero nuestra calidez y nuestro brillo están aquí mismo en todo momento. Esto es lo que realmente somos. Estamos a la distancia del guiño de un ojo de estar plenamente despiertos.

Esta manera de vernos a nosotros mismos es muy diferente de aquella a la que estamos acostumbrados. Desde ésta perspectiva, no tenemos que cambiar: puedes sentirte tan desdichado como quieras y aún así, sigues siendo un buen candidato a la iluminación. Puedes sentir que eres el caso más desesperado del mundo, pero ese sentimiento es tu riqueza, no algo de lo que tengas que deshacerte ni que tengas que mejorar. Hay riqueza en todo ese material maloliente que tanto nos disgusta y tan poco deseamos. Las cosas deliciosas- lo que tanto amamos de nosotros mismos, los lugares por los que sentimos una sensación de orgullo o inspiración-, también son nuestra riqueza.

Con las prácticas que te presentaré, puedes comenzar exactamente dónde estás. Si te sientes enfadado, empobrecido o deprimido, las prácticas que describiré están diseñadas para ti porque te animarán a usar todas las cosas no deseadas de tu vida como medios para despertar la compasión por ti mismo y por los demás. Éstas prácticas nos enseñan a ceptarnos a nosotros mismos, a relacionarnos directamente con el sufrimiento, a dejar de huir de los aspectos dolorosos de nuestras vidas. Nos enseñan a trabajar abiertamente con la vida tal como es.

Cuando oímos hablar de la compasión, naturalmente lo asociamos con trabajar para los demás, con cuidar de los demás. La razón por la que no solemos estar ahí para los demás- bien para nuestros hijos, para nuestra madre o para alguien que nos insulta o nos atemoriza-, es que no estamos ahí para nosotros mismos.Hay partes enteras de nosotros mismos tan indeseadas que, cuando empiezan a aparecer, salimos corriendo.

Como escapamos, dejamos de estar aquí mismo, de estar en el punto. Seguimos perdiéndonos el momento en el que estamos. Sin embargo, si podemos experimentar el momento en el que estamos, descubrimos que es único, precioso, completamente fresco. Nunca ocurre dos veces. Uno puede apreciar y celebrar cada momento, no hay nada más sagrado. No hay nada más vasto y absoluto. De hecho, ¡ no hay nada más!

Solo en la medida que hemos llegado a conocer nustro dolor personal, solo en la medida en la que nos hemos relacionado con el dolor,  somos lo suficientemente intrépidos, lo suficientemente valientes y lo suficientemente guerreros, como para estar dispuestos a sentir el dolor de los demás. En esa misma medida estaremos dispuestos a asumir el dolor de los demás, porque habremos descubierto que su dolor y el nuestro no son diferentes.

Para hacer esto necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. Tengo la esperanza de que éstos escritos te ofrezcan esa ayuda. Las herramientas son tres prácticas que te darán mucho apoyo:

1-La meditación sedente básica (llamada meditación shamatha-vipashyana)

2-La práctica de dar y recibir- (llamada tonglen)

3- El trabajo con los siete puntos del entrenamiento mental, o lojong-

Todas éstas prácticas despiertan nuestra confianza en que la sabiduría y la compasión que necesitamos ya están en nosotros. Nos ayudan a conocernos: nuestras partes duras y nuestras partes blandas, nuestra pasión, agresión, ignorancia y sabiduría.  La razón por la que las personas se dañan unas a otras, la razón por la que el planeta está contaminado y por la que a la gente y a los animales no les va muy bien últimamente, es que los individuos no se conocen, no confían ni se aman suficientemente a sí mismos. La técnica de la meditación sedente, llamada shamatha – vipashyana (“tranquilidad, comprensión”), es como una llave dorada que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.



MEDITACIÓN  SHAMATHA –VIPASHYANA

En la meditación shamatha-vipashyana, nos sentamos erguidos, con las piernas cruzadas (si podemos) y los ojos abiertos, y las manos descansando sobre los muslos.

Entonces simplemente tomamos consciencia de la respiración a medida que sale. Hace falta cierta precisión para estar allí mismo con la respiración. Por otra parte ésta técnica es extremadamente relajada y suave. Decir “Estáte allí mismo con la respiración medida que va saliendo”, es lo mismo que decir “Estate plenamente presente”. Estate aquí mismo con lo que está pasando. Siendo conscientes de la respiración a medida que sale, también podemos ser conscientes de otras cosas que pasan: los sonidos de la calle, la luz sobre las paredes. Éstas cosas pueden captar nuestra atención ligeramente, pero no es necesario que nos despisten. Podemos seguir sentados aquí, conscientes del salir de la respiración.

Pero estar con la respiración es solo una parte de la técnica. La otra parte son los pensamientos que recorren continuamente nuestra mente. Nos sentamos aquí hablándonos a nosotros mismos. La instrucción es que cuando nos demos cuenta de que hemos estado pensando, lo etiquetemos así:”Pensando”. Cuando notas que tu mente deambula por ahí, te dices a ti mismo: “Pensando”. Tanto si tus pensamientos son violentos y  pasionales como si están llenos de ignorancia y negación, tanto si son preocupantes o temerosos, como si son pensamientos espirituales o pensamientos agradables sobre lo bien que te va, pensamientos reconfortantes, pensamientos elevados, sean lo que sean,  simplemente etiquétalos a todos, sin juicio ni dureza, como “pensamientos”; hazlo con honestidad y delicadeza.

El toque de la respiración es ligero, tan solo como un 25% de la atención está en la respiración. No te aferres a ella ni trates de fijarla. Te estás abriendo, dejando que la respiración se mezcle con el espacio de la habitación, dejando que el aliento salga al espacio. Entonces se produce algo así como una pausa, una apertura hasta que sale la respiración siguiente. Mientras inspiras, podría haber una sensación de algo se are y espera. Es como pulsar el timbre de la puerta y esperar que alguien responda. Después vuelves a apretar el timbre y esperas que alguien responda. Después probablemente tu mente se vaya a deambular por ahí y vuelves a darte cuenta de que estás pensando; en éste punto es cuando usas la técnica de etiquetar.

Es importante ser fiel a la técnica. Si descubres que tu etiquetar adquiere un tono duro y negativo, como si estuvieras diciendo.”¡Maldita Sea!”, entonces está haciendo que lo pases mal; repítelo una vez más y aligérate. No se trata de abatir los pensamientos. Más bien sé delicado. Usa la técnica de etiquetar como una oportunidad de desarrollar la suavidad y la compasión hacia ti mismo. Cualquier cosa que surja en el ámbito de la meditación, está bien. La cuestión es poder verla con honestidad y hacerte amigo de ella.

Aunque es vergonzante y doloroso, es muy curativo dejar de ocultarte de ti mismo. Es sanador conocer todas las maneras en las que te muestras esquivo, todas las maneras en las que te escondes, todas las maneras en las que te cierras, te niegas, criticas a los demás, todas tus curiosas y extrañas maneras. Puedes conocerlas haciendo uso del sentido del humor y de la bondad. Al conocerte a ti mismo, llegas a conocer a la humanidad en su conjunto. Todos afrontamos éste tipo de cosas. Todos estamos juntos en esto. De modo que cuando te des cuenta de que te estás hablando a ti mismo, etiquétalo como “pensando” y nota tu tono de voz. Deja que éste sea compasivo, delicado y divertido. Entonces estarás cuestionando los viejos patrones repetitivos que compartes con la raza humana. La compasión hacia los demás comienza con la bondad hacia nosotros mismos.

 (Continuaremos con las otras 2 Prácticas)

Copiado del libro “Comienza donde Estés”, de Poma Chodron-